Nuevo arancel de Trump desata guerra comercial del tomate con México
Los Cabos, BCS. — 15 de julio de 2025. La guerra del proteccionismo que impulsa el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a golpear a México. Esta vez, el blanco ha sido el tomate, uno de los principales productos agrícolas de exportación del país, con un intercambio anual valuado en 2,800 millones de dólares. A partir de este lunes, se aplicará un arancel del 17.09% a las exportaciones mexicanas del fruto rojo, reavivando una disputa comercial que se remonta a 1996.
La decisión, calificada de “injusta” por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se suma a una serie de medidas comerciales que han deteriorado las relaciones bilaterales. Aunque el expresidente Trump ha señalado anteriormente temas como el fentanilo, la migración o el acero, en esta ocasión desempolva una vieja acusación de competencia desleal de productores estadounidenses frente al producto mexicano, a pesar de que durante casi tres décadas se lograron acuerdos para evitar conflictos mayores, el último en 2019.
Una estrategia que ya no alcanza
La presidenta Claudia Sheinbaum ha intentado mantener una postura diplomática de cabeza fría frente a los ataques comerciales, pero los recientes embates muestran que dicha estrategia ya no es suficiente. A diferencia de otros países, México comparte con EE.UU. un tratado comercial —el T-MEC— diseñado para fomentar la competitividad regional, pero que hoy pierde eficacia como marco negociador, con México tratado como un país más, sin considerar la relación estratégica.
Especialmente afectados serán los productores de Sinaloa, uno de los mayores exportadores de tomate, que enfrentan ahora un nuevo golpe económico en medio de una ya difícil situación de seguridad por la violencia del crimen organizado.
“Una decisión política”
Según Ebrard, el Gobierno de México había participado en negociaciones activas con productores estadounidenses, con múltiples propuestas sobre la mesa para evitar el arancel. Sin embargo, dichas propuestas fueron rechazadas por “razones políticas” más que comerciales.
“Es una medida injusta basada en intereses electorales internos”, acusó el funcionario, al tiempo que negó que exista dumping o prácticas desleales por parte del sector mexicano. “El éxito del tomate mexicano se debe a su calidad, eficiencia y competitividad, no a trampas comerciales”.
Impacto directo a los consumidores estadounidenses
El gobierno mexicano advirtió además que los consumidores en Estados Unidos serán los más perjudicados. Actualmente, dos de cada tres tomates que consumen los estadounidenses son importados, y México representa la mayor parte de esa oferta. Según los productores mexicanos, no hay otro país capaz de sustituir en el corto o mediano plazo el volumen que demanda el mercado estadounidense.
Ante este nuevo revés, la Secretaría de Economía explora nuevos mercados internacionales y la posibilidad de procesar el tomate para agregar valor y diversificar destinos más allá de la venta en fresco.
Llamado a reformular la estrategia diplomática
Expertos en comercio internacional han advertido que la actual política comercial mexicana es demasiado reactiva. Recomiendan reestructurar los cuadros diplomáticos —empezando por el embajador y los consulados— para establecer puentes de negociación más profundos que incluyan a gobernadores, congresos locales y sectores productivos.
“La lógica defensiva no está funcionando”, opinó un especialista consultado. “Es momento de reformular la estrategia con visión de largo plazo y apelar al tratado comercial como base para una relación más equitativa”.
Resiliencia del campo mexicano
Mientras tanto, el sector productor se muestra firme. “Este es un sector resiliente que ha superado batallas comerciales antes, y lo hará de nuevo”, indicaron líderes del gremio. “Seguiremos poniendo en la mesa de las familias norteamericanas tomates de la más alta calidad, a pesar del arancel que inevitablemente se verá reflejado en los bolsillos de sus propios consumidores”.
Los productores agradecieron el respaldo de la presidenta Sheinbaum, y se dijeron listos para resistir una vez más. Sin embargo, la sensación general es que las lógicas del pasado ya no aplican en el actual escenario político y comercial, y que esta guerra del tomate, más que un capítulo aislado, podría marcar el inicio de una nueva etapa de confrontación estructural.
