Tiempos Republicanos
En tres semanas el país hace una merecida pausa para llegar, no sin sobresaltos, a su cita trianual con la democracia. Después de décadas el país ya cuenta con instituciones republicanas que vigilan el cumplimiento de la voluntad ciudadana expresada en las urnas; sin embargo, declaraciones recientes provenientes desde el ejecutivo federal han puesto en entredicho la independencia y, peor aún, la veracidad de los resultados que arrojen las votaciones.
Resulta extraño que un presidente surgido desde la oposición reciente, aunque la génesis de su praxis política se encuentre en la oficialidad histórica mexicana; es decir, desarrollada en el seno del Partido Revolucionario Institucional, sea precisamente quien esté criticando a priori la imparcialidad del juez de la próxima contienda comicial.
Precisamente la existencia de un Instituto Nacional Electoral (“INE”) y de un Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (“TRIE”) independientes fueron producto de reclamos surgidos no desde el poder, como ahora lamentablemente es el caso, sino de parte de una sociedad civil que fue madurando su participación hasta lograr una alternancia en la titularidad del poder público federal hace veintiún años.
La transición antes descrita no hubiese sido posible si el INE todavía estuviese bajo la férula de la Secretaría de Gobernación, como lo estuvo hasta 1996, ni el TRIE siguiese como un tribunal administrativo –no judicial- bajo la tutela del poder ejecutivo federal; no obstante ello, los frutos que ha rendido tal independencia constitucional, a partir del 22 de agosto de 1996, tal parece, según el actual presidente, no han sido suficientes como para quitar del todo la tela de juicio respecto de una imparcialidad a prueba de sospechas. Difiero.
La arena política siempre será escenario de disputas con sesgos parciales pues su naturaleza es la confrontación de ideas y acciones para, en el mejor de los casos, arribar a un plano de mejor estadía respecto del bien común y, en el peor, una dictadura que se allega de los elementos más corrosivos de la sociedad para perpetuar a determinado grupo en la titularidad del poder público.1 Sólo una reciclaje, sea natural, como el retiro voluntario o involuntario de generaciones de actores políticos, o artificial, vía elecciones periódicas, es lo que asegura que una democracia se mantenga viva y vigente.
De nada sirve que el régimen republicano que nos dimos los mexicanos, formalmente en la Constitución Política de 1917, y en los hechos a partir del año 2000, cuando acabamos con un régimen de simulación democrática que, por lo menos, se adhirió a ciertas reglas como la no reelección, ahora esté siendo puesto en entredicho por actores políticos que siguen en campaña aunque llevan dos años y medio en el cargo para el que fueron electos.
Sin duda toca a la sociedad civil organizada el levantar la voz y exigir respeto a nuestro régimen democrático que si bien no es perfecto pero, parafraseando a Churchill, es el mejor con excepción de todos los demás, nos llevó generaciones enteras lograrlo.
Me parece que la distribución de poderes es el mejor antídoto para evitar salvadores terrenales de la patria y evitar una concentración insana del poder ya que dicha concentración sólo llevará a una tiranía cuyas consecuencias, en su vertiente de izquierda, las podemos constatar fácilmente en cierta nación insular situada al sur de la Florida. Sesenta años después de la irrupción revolucionaria de sus autoridades actuales la población no prospera sólo sobrevive sin una proyección importante hacia el futuro.
Hago votos para que sigamos en esta ruta de consolidación democrática para que sus beneficios logren permear a todas las capas de la población y no sólo aquellas que logran acceder al poder público. En este proceso debemos ser pacientes y evitar la tentación de buscar liderazgos concentradores que mediante técnicas asistencialistas, por no decir populistas, mantenga cautivos a millones de ciudadanas y ciudadanos mexicanos con dádivas inflacionarias que más temprano que tarde cobrará su factura al producir gobiernos mediocres y, muy probablemente, corruptos. ¡Votemos por la consolidación democrática!
1 Se aprecia, mediante una lectura rápida, muchos regímenes militares o cuasi-militares latinoamericanos que se han perpetuado en el poder mediante tácticas diversas pero cuyo ascenso inicial fue producto de su victoria en votaciones libres.
- Eduardo Tapia Zuckermann
Abogado en México, Nueva York y Washington, D.C. Socio Administrador en Tapia Zuckermann, S.C.