Cómo la vacuna contra la viruela salvó a América


 

Existe la creencia de que la viruela surge hace más de 3 mil años en la India o en Egipto. De hecho se sabe que el Faraón Ramsés V murió de esa enfermedad hacia el 1175 a. de C. Debido a las marcas que dejó en su piel.

Esta enfermedad es causada por el virus llamado “variola” siendo muy contagiosa provocando bultos y pústulas que aparecen en el rostro y cuerpo de los afectados. El índice de letalidad promedio era de más del 30% de las personas que la contraían. Los sobrevivientes podían quedar ciegos, estériles y con profundas cicatrices en la piel.

Los estragos causados por la viruela que trajeron los conquistadores a América en el 1519 fue enorme. Se estima que el 90 % de los 56 millones de indígenas de este continente murieron por la viruela y sus secuelas.

Se sabe que en 1796 el doctor inglés Edward Jenner descubrió que la inoculación de una variedad similar de la viruela en las vacas, de ahí el nombre de vacuna, podía combatirla.

La historia de la vacuna que llegó a América a principios del siglo XIX, alrededor de 1803, se debe principalmente al Doctor Francisco Xavier Balmis, nacido en Alicante, España, quien logró convencer al rey Carlos IV para obtener el apoyo y fuera posible esta expedición para llevar la vacuna a nuestro continente, incluyendo Filipinas y Macao (China).

El método era inocular a pequeños niños de entre 5 y 11 años de edad como portadores de la vacuna por lo que tuvo que conformarse un equipo en el que principalmente participaron Isabel Zendal, una gran mujer que cuidaba huérfanos en el norte de España para luego acompañar al Dr. Balmis junto al médico levantino, Josep Salvany y 22 pequeños emprendiendo un largo viaje trasatlántico y varios más abarcando el Caribe, México y otros países sudamericanos, para luego seguir hacia las Filipinas y hasta Macao, China.

 

Aquí la introducción a la estupenda novela “A flor de piel” escrita por el reconocido escritor español Javier Moro (autor de “El Imperio eres tú”, “Pasdión India” y “Mi pecado”, entre otras obras) y que recomiendo ampliamente.

El 30 de noviembre de 1803, una corbeta zarpa del puerto de La Coruña entre vítores y aplausos. En su interior viajan veintidós niños huérfanos cuya misión consiste en llevar la recién descubierta vacuna de la viruela a los territorios de Ultramar sobreviviendo a temporales y naufragios, se enfrentarán a la oposición del clero, a la corrupción de los oficiales y a la codicia de quienes buscan lucrarse a costa de los desamparados.

Al final esta aventura que se convirtió en la mayor proeza humanitaria de la Historia, se debió no sólo al coraje de aquellos niños que se vieron abocados a salvar las vidas de tantísima gente, sino también al arrojo de los dos directores, sin miedo que se disputaron el amor de la única mujer a bordo.

A raíz del descubrimiento de la identidad de Isabel Zendal, Javier Moro, reconstruye una prodigiosa epopeya de la mano de un personaje femenino inolvidable. Los protagonistas de A flor de piel, desgarrados entre la pasión de salvar al mundo y la necesidad de salvarse a sí mismos, son como luces en el horizonte oscuro del final de una época.

 

AF







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