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Simulación e impunidad

ed jaureguiVivimos en un país de profundas ironías y contrastes; aquí lo mismo se atrapa con gran eficiencia a un ladronzuelo por un robo insignificante y se le encarcela durante años –para acabarlo de corromper- que se deja en libertad a delincuentes que cometen verdaderas atrocidades a la vista de todos, y siguen tan campantes.

Un ejemplo bien claro es el reciente caso de la PROFECO, cuyo director acaba de ser removido (por cierto, en conferencia de prensa convocada por el mismísimo Secretario de Gobernación, no sé si en su carácter de  jefe del gabinete, o porque el despistado Secretario de Economía, quien en rigor debió haber anunciado dicha remoción, afirmaba -apenas unas horas antes- que el titular de PROFECO permanecería en el cargo).

Esta es una muestra de  las citadas ironías mexicanas: un hombre supuestamente honrado y profesional sufre el castigo de sus actos –y/o de su hijita- mientras cualquier cantidad de verdaderos delincuentes de cuello blanco siguen sin castigo alguno.

En el asunto PROFECO se vio claramente que la intención inicial del presidente era la de “dejar hacer, dejar pasar”; sin embargo, fue tal el alboroto dentro de las redes sociales y el descrédito que ello ocasionó en la citada dependencia, que se vio obligado a destituir a su amigo.

Hasta ahí las cosas, buen número de medios se manifestaron complacidos por la –estrepitosa-  caída del procurador y pasan a dar por cerrada la carpeta; sin embargo, las cosas están muy lejos de estar bien; primero porque esta destitución, de darse, debió haber sido inmediata y, en segundo lugar, porque el caso PROFECO tiene mínima importancia al considerar las innumerables irregularidades –e ilegalidades- que se vienen registrando en el país, sin que haya respuesta alguna de la autoridad, sea esta federal, estatal o municipal.

Ejemplos sobran, pero destacan los lamentables sucesos de los “maistros” en Guerrero quienes, a pesar de los delitos y agravios cometidos contra -y a la vista de- toda la sociedad mexicana, gozan de tal impunidad que ahora se sientan a la mesa  para  negociar con el gobierno, habiendo pasado por encima de un congreso estatal doblegado e inútil.

O aún peor, lo que ha venido sucediendo en varios municipios y comunidades de Michoacán, en donde precisamente por la crónica impunidad de que han gozado las organizaciones criminales –y otras semi- éstas prácticamente han llegado a ocupar los espacios que debieran corresponder a las autoridades. Apenas ahora se comienza a tomar medidas, pero su éxito se ve bastante comprometido ante un escenario de  franca  ingobernabilidad,  con   un  gobernador ausente –como ausente parece estar quien lo suple- frente a policías comunitarias y/o grupos de auto-defensa, “maistros”, crimen y extorsiones generalizados, normalistas súper-impunes-secuestra-vehículos, y policías que son reos de encapuchados armados hasta los dientes (!).


A esta lista de ejemplos deben sumarse, entre otros obligados, los casos del ex gobernador Moreira, quien sin ninguna justificación parece haber obtenido el gracioso y calladito perdón del régimen, así como el de Carlos Romero Deschamps quien, según se dice, es “intocable” porque supuestamente jugará un importante papel en la aprobación de la reforma energética, y un caso más reciente, el de Rosario Robles.

Este último caso puede en cierta forma compararse con el del director de PROFECO, pero con un final irónicamente diferente. Aunque la trascendencia de los actos corruptos cometidos por funcionarios de SEDESOL y del gobierno de Veracruz, con siniestros propósitos de compra de votos, minimizan la importancia del tráfico de influencias sucedido en la  PROFECO; en el caso SEDESOL, sin embargo, no solo no hubo “remoción”, sino que hasta hubo un “aplauso” –luego reprimido- del presidente para la señora Robles.

En cuanto a la lógica en el proceder de la presidencia de la república, parece muy claro que no se actúa con el propósito de aplicar la ley a rajatabla y sin distingos, sino que se aplica o no, de acuerdo con las circunstancias (léase conveniencias) y así, con simulación, impunidad y leyes negociables, sin orden ni justicia, no se puede evitar que venga a la memoria el “Viejo PRI”, lo que a su vez obliga a pensar que, así, será imposible dirigir hacia buen fin el destino del país.  

RJ

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