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El Pez grande

ed jaureguiDesde hace tiempo, y de manera cada vez mas pronunciada, somos testigos de una tendencia, al parecer incontenible, que no deja de ser preocupante. Hemos visto – y es claro que seguiremos viendo- como las grandes empresas van  abarcando cada vez más porciones de mercado para sus diversas líneas de productos mientras que, paralelamente, grandes corporaciones transnacionales se anexan de manera acelerada y creciente nuevos mercados en los que anteriormente no concurrían.

Los ejemplos son abundantes y por demás ilustrativos: entre ellos destacan los recientes casos de Pinturas Comex, absorbida por la gigante Sherwin Williams, o para no ir mas lejos, el caso de Grupo  Modelo, casi un emblema nacional, absorbido por el monstruo cervecero Ann Heuser Busch. Por supuesto no son los únicos... este fenómeno se viene dando diaria y paulatinamente, a escala mundial, sin que se haga algo de fondo con el propósito de evitar una mayor concentración del capital en unas pocas manos, al tiempo que se favoreciera a las pequeñas y medianas empresas que, como sabemos, tienen gran arraigo en las economías nacionales y generan el mayor número de empleos productivos.

Las consecuencias que acarrea esta tendencia varían de un país a otro dependiendo, por una parte, de las políticas de expansión propias de cada empresa o corporación y, por la otra, de la política económica y los niveles de regulación que cada país aplica, tales como el tratamiento fiscal que se da a estas empresas, así como de los “candados” que a ellas se apliquen en términos de garantizar ciertos niveles de empleo de mano de obra local (a nivel operativo y/o directivo), a las facilidades o restricciones para las transferencias de capital vía retiro de utilidades, regalías y otros mecanismos similares, así como la política de transferencia de tecnología que aplica cada país, aunque todo ello con la contraparte de que dichos candados, de ser excesivos, redundarán en menor atracción para la inversión extranjera.

En este contexto, una muestra de la expansión y absorción de mercados por parte de las grandes empresas y corporaciones queda claramente ilustrada con el caso de las tiendas “OXXO”. Hasta donde dispongo de información, el modelo de negocios de esta cadena de tiendas, que se liga aunque sea de manera indirecta con la participación de capital extranjero ligado al gigante refresquero “Coca-Cola”, tiene el agravante de que ni siquiera se trata de franquicias (que permitirían un cierto grado de “propiedad” por parte del franquiciatario), sino que el grupo mantiene invariablemente la propiedad al 100% de los activos de cada tienda, ofreciendo únicamente empleos de mediano y bajo nivel salarial y calificación mientras,  paralelamente, traen como consecuencia el cierre gradual pero inexorable de gran cantidad de pequeños comercios, que sucumben ante una competencia para la cual no están preparados, ni cuentan con elementos que les permitan enfrentarlo o, al menos, contrarrestarlo en alguna medida.

El resultado: cada vez menos propietarios de pequeños comercios –que en muchos casos además les proporcionan autoempleo- y creciente dominio de este mercado por parte de este poderoso grupo. Para corroborar lo anterior, basta ver la indiscriminada proliferación de esta clase de tiendas en Los Cabos, que llega hasta el exceso.

Pero la parte quizá más interesante viene al proyectar esta tendencia a futuro; actualmente no puede negarse la influencia que, por vías legales o ilegales, ejercen las grandes corporaciones mediante la compra de buen número de conciencias de legisladores de numerosos países; así, al incrementarse el poder de estas corporaciones, debemos suponer que su grado de influencia podrá ser tal, que incluso pueda llegar a ser determinante para decidir el destino de un país o, porqué no, del propio planeta..

La solución al problema del pequeño comercio no es sencilla; la primera condición sería que las autoridades tomen cartas en el asunto y eviten la proliferación indiscriminada de esta clase de empresas, tomando en cuenta la supervivencia de los pequeños comerciantes del sector; pero esto no basta. En lo general, es indispensable que a nivel local, nacional o incluso global, las autoridades establezcan normas y regulaciones que además de combatir la creación de oligopolios (y monopolios), fomenten una abierta competencia entre los concurrentes a cada vez mayor número de mercados, junto con la adopción de medidas que si bien no resulten altamente proteccionistas –de tal manera que desincentiven la inversión- sí proporcionen tiempo y elementos a las empresas nacionales para participar en condiciones mas competitivas, que aseguren su permanencia.

Aunado a lo anterior, se debe continuar instrumentando políticas que permitan e incluso fomenten la concurrencia de empresas extranjeras en distintos mercados, pero siempre en un marco regulatorio que fomente la reinversión versus las transferencias monetarias al exterior, la capacitación y desarrollo de la mano de obra local, así como la eventual cesión de tecnologías en favor de las empresas nacionales las cuales, por su parte, también deberán hacer verdaderos esfuerzos –principalmente en cuanto a desarrollo tecnológico y capacitación de la mano de obra- para estar a la par de sus eventuales competidores; si no, viene el pez grande….
RJZ

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