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Peña Nieto: formas y fondos

ed jauregui

El momento que vive el país plantea sin duda enormes expectativas pero, al mismo tiempo, abre también interrogantes que son de la mayor importancia  para todos los mexicanos; la llegada del PRI al poder representa la posibilidad de cambios de rumbo y de dirección, así como cambios en la forma de hacer política durante los próximos seis años.

En cuanto a las formas de hacer política, se han dado algunas señales que merecen particular atención; entre ellas destaca principalmente la propuesta de reforma administrativa promovida por el presidente Peña Nieto que, de llevarse a cabo,  concentraría un  enorme poder en dos Secretarías de Estado, la de Gobernación, y la de Hacienda y Crédito Público.  Esto no es por sí mismo malo o bueno; todo depende de la forma en que dicho poder sea utilizado, y del propósito que con ello se persiga.


Por una parte, si pensamos mal (ojalá aquí no aplique el dicho “piensa mal y acertarás), estos cambios pueden representar un intento por parte del PRI de restablecer uno de sus métodos más antidemocráticos de ejercer el poder. Me refiero al control y dominio del individuo y de las diferentes organizaciones políticas y sociales, a través de un sistema político-policiaco diseñado para tal efecto.

Al respecto, como contraparte, debemos considerar que la crisis de seguridad pública (y nacional), producto de la fallida “guerra contra el narco” o contra la “delincuencia organizada” (términos que ni siquiera llegaron a definirse con cierto rigor sociológico) heredadas del gobierno de Calderón, parece justificar que se unifiquen los mandos de control policiaco en una sola cabeza, en este caso, la Secretaría de Gobernación.

Sin embargo, no deja de entreverse en ello la posible intención de volver al pasado cuando, por ejemplo,  la Secretaría de Gobernación, con su facultad de “investigación política” (y policiaca), era dueña del destino de cualquier individuo considerado “disidente incómodo” que, o cambiaba de posición, o terminaba sus días en la cárcel, (todo esto “legalmente”); como un simple ejemplo que, aunque ya no aplica en la actualidad, muestra claramente el uso-abuso del poder:  el periodismo en épocas priístas… Si te “portas mal”, no te surto papel, y, si no te alineas, desapareces (ya seas tu, o tu empresa).

Si a esto agregamos la facultad de la “investigación económica” (y por supuesto fiscal y/o bancaria) por parte de la SHCP que, si bien antes pareciera no ser tan importante, tiene ahora enorme potencial como instrumento de presión para  controlar individuos y/o empresas a través de esta vía. Otra señal fueron las extensas barricadas, implementadas además con demasiada anticipación, para restringir el acceso de la ciudadanía a las sedes donde habría de llevarse a cabo la transferencia del poder; vimos en ello un exceso tal que provocó innumerables voces de repudio, al punto que fue necesario tomar medidas correctivas que liberaron en alguna medida el libre tránsito de las personas en esas zonas.

Sobre este asunto, sin embargo, también debe señalarse que, “a toro pasado”, tales medidas no parecen haber siso tan exageradas considerando la imbecilidad y la falta de civilidad y de educación de las hordas de salvajes promovidas -directa o indirectamente- por el cada vez más desubicado AMLO y su séquito de agitadores profesionales (entre ellos Monreal, aún con la disculpa). Me hacen pensar en aquellas “personas” (que no merecen tal calificativo), que se dedican a “navajear” asientos y destruir lo que pueden de los autobuses que, ellos mismos y sus familiares, utilizan regularmente.

En contraste, al escuchar el discurso de toma de protesta del nuevo presidente los signos pueden parecer alentadores;  tal discurso es una píeza de oratoria casi inmejorable, en la que se pone el debido énfasis en un estilo democrático de gobierno que, además, recoge eclécticamente las grandes inquietudes y los pendientes que más preocupan a la ciudadanía y las enumera como compromisos (ejes y decisiones de gobierno), orientadas a transformar para bien los grandes rezagos que aún padece el país. Entre ellos, un “nuevo enfoque” para el problema de violencia e inseguridad, la efectiva transformación del sistema educativo, el combate a los monopolios, principalmente en el sector de las telecomunicaciones, la lucha contra el hambre y la pobreza, el apoyo a las madres trabajadoras y a las personas de la tercera edad (ambas se cuentan por millones), etc. Sin embargo, “del dicho al hecho…”.

Así las cosas, parece muy válido desconfiar de quien ganó las elecciones en medio de tantos cuestionamientos; por otra parte, todo lo dicho parece ensombrecerse con la “lejana presencia” de Carlos Salinas.. un gran orador, pero también un gran simulador. En síntesis es difícil, si no imposible, juzgar una labor que apenas comienza y, aunque debemos reconocer que en la forma las cosas no parecen ir tan mal, el fondo está aún por verse. Pero lo que es definitivamente recomendable es que la ciudadanía, principalmente la “organizada”, esté muy pendiente de los comportamientos de los nuevos (?) políticos en el poder ya que sabemos, por experiencia histórica, qué tan capaces son los priístas de controlar voluntades y disfrazar realidades; en otras palabras, de hacer de la forma, fondo, o viceversa.
RJZ

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