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Reforma laboral: La neta de Peña Nieto

ed jaureguiEl tema de la Reforma Laboral es tan delicado que, durante muchos años, nadie se ha atrevido a promover alguna modificación de fondo, aún cuando, frente a la realidad actual, la legislación laboral parece francamente barroca (por complicada y compleja) y anacrónica.

La regulación de las relaciones laborales tiene profundas implicaciones en el contexto económico, ya que determina o influye de manera importante en la forma en que se distribuye el ingreso nacional, condicionando también la capacidad de ahorro e inversión de la sociedad y esto, por su parte, influye también en las posibilidades y modalidades de crecimiento económico de un país. Y en lo social, su importancia es simplemente estratégica en tanto que, su inadecuado manejo, puede desembocar en serias afectaciones a la estabilidad e incluso a la paz social.

En esencia se trata de “poner al día” los acuerdos fundamentales que adopta la sociedad en su conjunto –a través de sus representantes políticos- en cuanto a los términos en que habrán de participar, en el proceso productivo, los factores de la producción de más delicado manejo: el capital y la fuerza de trabajo, estableciendo las reglas del juego en las formas en que habrán de “repartirse el pastel” al final de la jornada económica; se trata por ello de un  asunto de carácter estratégico para cualquier país, que requiere por lo mismo de un análisis serio y profesional que sustente la toma de decisiones.

Por lo avanzado del asunto, podemos y debemos suponer que nuestros diputados y senadores ya hicieron este profundo análisis pues, como sabemos, están ahora mismo poniendo en juego las últimas argucias y acomodos dentro de sus partidos (de manera muy particular hacia y desde la cúpula priísta), a través de los cuales se está definiendo el destino y el verdadero alcance que tendrá, eventualmente, este cambio en la legislación laboral.

Por supuesto se trata de lograr equilibrios que propicien crecimiento económico (apoyando la acumulación de capital para las empresas) y el fortalecimiento de la clase media trabajadora, cuya capacidad de consumo debe constituirse como un motor “autónomo” del crecimiento económico nacional, reduciendo así la dependencia del sector exportador, particularmente hacia los EUA. y de los vaivenes del mercado externo.

Para ello, parece adecuado liberalizar las condiciones y mecanismos de contratación para las empresas, ya que el exceso de restricciones aplicadas hasta ahora ha sido una importante limitante para un crecimiento más dinámico del empleo; de hecho se vivía una situación paradójica: queriendo proteger al trabajador, se limitaba el fomento de la creación de empleos.

Sin embargo, también debe ponerse especial atención en retribuir de manera equitativa al trabajador, no solo para mejorar sus condiciones de vida sino, como ya se señaló, para elevar su capacidad de consumo y fortalecer el mercado interno; paralelamente, deberán establecerse condiciones que den garantías al trabajador en términos de antigüedad y prestaciones.

Pero esto no es suficiente; para hablar de una reforma laboral de profundo calado, que en verdad enfrente y resuelva de la mejor manera los desequilibrios entre capital y trabajo, debe plantearse la necesidad de minimizar las condiciones monopólicas que afectan el mercado laboral, y los sindicatos, como ahora se entienden y funcionan en México, tanto públicos como privados,  representan en buen número de casos una fuente de inequidad, ineficiencia y corrupción que, además, distorsiona el mercado laboral y limita la libre concurrencia de la demanda y la oferta de empleos.

No se trata de desaparecer a las organizaciones sindicales; se trata de que éstas sean, porqué no,  ejemplo de transparencia, libertad de afiliación, participación en la fijación de cuotas, que provean a sus afiliados de información actualizada del origen y aplicación de sus recursos; en fin, de que funcionen como órganos con responsabilidad social, que generen beneficios para los trabajadores y para las empresas, y no para unos cuantos parásitos de profesión. En su otra cara, hacia la empresa, los sindicatos deberán jugar un papel de compromiso responsable con los objetivos de la empresa, en términos de la permanente búsqueda de mejoras en la productividad y creación de ahorro y utilidades, sin los cuales no habrá ni empresa, ni trabajador.

En este momento, cuando está al alcance de la sociedad lograr una legislación laboral que rompa viejas estructuras limitantes y se posicione mirando hacia el futuro, aparece la sombra de la duda sabiendo que al PRI, que cuenta entre sus bases más importantes a los principales sindicatos charros, no le será fácil desprenderse de un bien tan preciado al dejar que éstos se manejen con mano propia, con absoluta democracia y transparencia, y queden fuera de su control para efectos electorales, electoreros, y de negocios turbios.
Aquí vamos a saber quién es Enrique Peña Nieto y qué clase de PRI viene detrás de él; vamos a saber si realmente están comprometidos con el mejor interés nacional o, como seguramente lo harán, recurrirán a argucias legaloides como “la Constitución no lo permite”. Los ciudadanos estamos para cumplir la ley; pero la ley está para servir a los ciudadanos. Si hay que cambiar la Constitución, pues que se cambie. Si vamos a hacer algo, hagámoslo bien y a fondo. ¿Quién dijo miedo?..
RJZ

 

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