GLA
Suscripciones
GLA

Participación, planeación e inestabilidad

ed jaureguiHoy, los signos vitales de nuestro mundo mandan mensajes bastante inquietantes en diversos sentidos; uno de ellos es, sin duda, la carrera entre la habilidad de los gobiernos para satisfacer necesidades de sus gobernados y, por la otra, la creciente organización y comunicación entre los grupos sociales, que se traducen en mayores demandas, planteadas de manera mucho más organizada.

Estamos ante sociedades cada vez más informadas y educadas, más participantes y  activas y, por lo mismo,  más demandantes, frente a gobiernos acostumbrados a “administrar dineros ajenos” y a ser poco o nada eficientes en el uso de sus recursos, tanto financieros, como materiales y humanos.
Una clara muestra de ello es lo que ocurre en buen número de países, principalmente de  Europa Occidental, que durante años fueron sumamente laxos en el gasto público y los beneficios sociales, sin contar con un respaldo financiero sólido que diera sustentabilidad a sus políticas, con las evidentes consecuencias: elevado y creciente desempleo, disminuciones drásticas en las prestaciones y beneficios y, en general, importantes afectaciones negativas en las condiciones de vida de importantes sectores, que acaban     por agrupar a la mayor parte de la población, tal como sucede en Grecia, España,  y en menor medida pero igualmente preocupante, Portugal, Italia, Irlanda e incluso Francia y Alemania..
    El hecho es que vivieron  una especie de “borrachera” económica que  los llevó a habituarse a las ”buenas costumbres”  del primer mundo, cuando en la realidad sus finanzas eran totalmente incapaces de sostener ese nivel de  “fiesta” por mucho tiempo, hasta llegar a la “cruda” del día siguiente. Algo que bien podría llamarse “administración de ilusiones financieras”.
    En este entorno, las autoridades de la Unión Europea se han lanzado a fondo en una cruzada “racionalizadora” del gasto público y de las prestaciones y los beneficios sociales     lo cual, al contrastarse con una población habituada a esas “buenas costumbres” del primer mundo, ha traído como consecuencia lógica el creciente y cada vez más     manifiesto descontento de la población, situación que comienza a rayar en los peligrosos  terrenos de la inestabilidad social.

Por supuesto, el realismo económico impone una mucho mayor disciplina fiscal en estos países y, ni modo, tendrán que pagar las consecuencias de la acción de gobiernos irresponsables que gastaron lo que no tenían (rtecordemos el México de los 70’s, 80’s y  90s, y las crisis recurrentes, que no eran otra cosa que el cobro de las facturas  correspondientes a la irresponsabilidad).

Sin embargo, resulta preocupante el hecho de que, en general, todas las medidas de política que se están adoptando en estos países son marcadamente recesivas pues, si     bien tienden a lograr impostergables equilibrios financieros, se traducen en disminuciones de los niveles de salario real y de consumo de grandes grupos de población, sin contrapesos que –en paralelo-  promuevan el crecimiento económico, principalmente a través de mayor inversión, ahorro y creación de empleos productivos, rompiendo así el ciclo recesivo..
 

Así las cosas, en la actualidad los gobiernos están llamados a ser excelentes administradores, más allá del marco macroeconómico, en el sentido de ser capaces de incidir en mejoras de las condiciones de vida mediante políticas diferenciadas por áreas geográficas, sectores económicos y áreas de actividad, a favor de grupos cada vez más los jóvenes, las personas de la tercera edad, los desempleados de tal o cual región o sector, la mano de obra de baja calificación, etc. En pocas palabras, gobiernos con alto sentido de responsabilidad y capaces de diseñar y desarrollar esquemas de planeación de altos vuelos, a diferencia de los actuales, que no pasan de ser catálogos de buenos     propósitos y vagas generalidades.

En el caso de México, esta posibilidad parece sumamente lejana considerando que el estilo priísta de gobernar ha sido el de la manipulación, las frases huecas, y la planeación-ficción. Si Peña Nieto realmente pretende crecimiento con estabilidad, dada la creciente participación social, tendrá que rodearse de políticos de nuevo cuño, capaces de romper inercias en los métodos arcaicos de planeación y de toma de decisiones; de otra forma, la inestabilidad social seguramente continuará en ascenso en los próximos años.
    RJZ 

 

Lo mas actual...