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La izquierda: dividirse, refundarse o refundirse?

ed jaureguiLa reciente decisión de AMLO en el sentido de separarse de los partidos de izquierda y continuar con sus aspiraciones presidenciales a través de MORENA plantea interesantes interrogantes, y las interpretaciones  sin duda dependerán de la posición política –y la perspectiva-  de quien las analice.

Sin embargo, el tema es de tal trascendencia que bien amerita incursionar en el terreno especulativo y proyectar algunas visiones de lo que este hecho pudiera, eventualmente, traer aparejado en términos de la unión de las fuerzas que integran la izquierda y, consecuentemente, de su posibilidad real de acceso al poder.

Tal vez la primera interrogante es si amlo pretende fundar un partido político, o seguir por el camino de la “grilla callejera y subversiva”; al respecto, las probabilidades parecen inclinarse por la fundación de su propio –eso sí, muy propio- partido; primero porque le dará permanencia y continuidad en el control del mismo, segundo porque le dará dinero para seguir operando (y viviendo del erario, pero ahora de una manera mas “transparente”, pues sabríamos  de  dónde  vienen –al menos parte de-  los recursos) y tercero, en una de esas, hasta de ganar, incluso democráticamente, las elecciones del 2018.

De optar por la lucha política fuera de las instituciones su futuro se ve sumamente incierto y puede tener innumerables desenlaces, que van desde constituirse en un importante problema para la estabilidad del país (y de la vida de todos los mexicanos), hasta su eventual proscripción de acuerdo con el marco legal en el que se desarrollen sus actos de política, que en un momento dado pudieran –tal vez a conveniencia de quienes ostentan el poder “formal”- calificarse como “fuera de la ley”.

Pero mucho más allá del futuro político de amlo, lo que está en juego –otra vez- es la unión de la izquierda mexicana y, en este sentido, parece muy claro que el deslinde de amlo trae aparejada una nueva división –y ruptura-  entre los grupos que la integran; si antes hubo que unificar -además de las facciones- a tres partidos políticos (PRD, PT y Movimiento Ciudadano) para presentar una oferta electoralmente competitiva, ahora habría que unir cuatro corrientes diferentes si es que quieren llegar a “la grande”; en contraste, desde ya son claras las intenciones de Ebrard y del propio AMLO de aspirar a la silla presidencial en el 2018, lo cual en sí mismo implicaría que ambos la tendrían perdida.

Adicionalmente hay que considerar que, de crearse el nuevo partido de AMLO, éste no estaría facultado para ir en coalición con ningún otro partido político, lo cual lo obligaría a presentarse como un frente único ante el electorado nacional y, aunque 15 millones de votos son muchos (aunque habría de restarle los de sus eventuales oponentes, como Ebrard), bien pueden seguir siendo insuficientes para llegar a la silla presidencial.

Esto se vería acentuado porque, como sabemos, el PRI oscila hacia la izquierda o hacia la derecha a su muy particular conveniencia y, en el contexto actual, habiéndose adueñado de la plataforma política del PAN, previsiblemente continuará llevando al  país –al menos hasta ahora así lo indican las apariencias- hacia la consolidación del modelo neoclásico del capitalismo propugnado por Acción Nacional, solo que implantado al particular estilo priísta, así que no sería ninguna sorpresa que ambos partidos se unifiquen –abiertamente o “en lo oscurito”- en todo lo necesario, con tal de evitar a toda costa el triunfo de la izquierda en la próxima elección presidencial.

Así las cosas, parece lamentable que, nuevamente, la izquierda mexicana se resigne a un papel de terciaria importancia y sin posibilidades efectivas de acceder al poder presidencial, aunque queda el consuelo de que, sin el peso de amlo sobre sus cabezas, cuando menos las fuerzas moderadas de la izquierda presentes en el congreso tendrán mayor capacidad de acción y de gestión en las tareas legislativas, pero todavía en el marco de grupúsculos de poder insertados dentro de los propios partidos, que querrán llevar las cosas a su mejor conveniencia, y no a la de una unión de partidos que les permita actuar en bloque.

Muy distinto sería el panorama si amlo decidiera, de una vez por todas, olvidar sus ansias presidenciales, y no solo dar cabida a los nuevos líderes de la izquierda, sino brindarles todo su –muy valioso- apoyo. En pocas palabras: con amlo para presidente, derrota casi segura para la izquierda. Con AMLO como apoyo para los nuevos líderes naturales, al menos existiría una opción real de ganar la próxima elección presidencial.

Mas allá de cualquier particular interés en que un líder de izquierda ocupe la presidencia, lo que es fundamental es que el país cuente con una “nueva” izquierda, organizada y, si no unida, unificada en torno a programas y políticas públicas, actuante, pero también pensante, institucional y apta para la negociación de la “cosa publica”; sin embargo, conociendo a nuestro carismático amlo, esto se ve tan poco probable como que un camello pase por el ojo de una aguja. ¿Será entonces para el 2024?
RJZ

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