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México: obstáculos para el desarrollo

ed jaureguiLa historia parece repetirse: presidentes van y presidentes vienen pero, al final de cuentas, nada o casi nada cambia; y esto sucede porque se hacen cambios sólo en los márgenes, no en las estructuras; los cambios no tocan fondo, y todo sigue igual, o casi.

¿Por qué  México no puede romper esas ataduras que, por años y años      -aunque con ciertos avances, pero siempre en el margen- nos mantienen como un país tercermundista en el sentido de que persiste la pobreza y la pobreza extrema; junto con la ignorancia y la ignorancia extrema conviviendo con la falta de oportunidades para una buena educación; falta de empleos bien remunerados, frente a un sector “informal” en aumento permanente?. Crecimiento económico que no se convierte en verdadero desarrollo, pues sus beneficios se concentran, cada vez más, en unas cuantas manos, mientras las mayorías carecen de lo mas indispensable: vivienda digna, educación y una fuente relativamente segura de sustento para su eventual superación.

¿Por qué México no ha sido capaz, como otros países antes mas atrasados que nosotros, y que hoy nos llevan la delantera (Brasil, China, Corea del Sur, entre otros, por no mencionar Alemania y Japón en la Postguerra) de propiciar la creación de una base tecnológica propia que le permita regir su propio destino, y continuamos  supeditados a “seguir a otros” que sí pueden? (cuando hemos visto que, los que se organizan y se lo proponen, pueden).

Por supuesto la respuesta no es simple ya que ésta involucra un sin número de factores los cuales, obviamente, ni tengo al alcance, ni pretendo exponer en este espacio; lo que sí creo, es que muy en el fondo de nuestra historia, los 70 años de “estabilidad-conformista” durante los cuales dejamos al PRI hacer y deshacer, a su antojo y conveniencia (que no a la del país), nos ha dejado una marca difícil de extirpar que, más que conformismo, parece haber llegado a extremos de algo así como un “autismo” nacional.

Me explico: después de años de inestabilidad política y de una cruenta revolución que trajo millones de muertos, la sociedad mexicana, gracias al PRI, llegó primero a un grado de conformismo-convenenciero en el que “todo estaba bien, siempre y cuando nada cambiara”, para pasar después a una especie de “cinismo colectivo” en el que todos sabíamos que la situación del país solo aparentaba estar bien, cuando en el fondo no era cierto; solo nos faltaba saber cuánto tiempo duraría este espejismo, y éste llegó a su fin en el año 2000.

A partir de ese año y de la mano de la administración de Fox, el país se arriesgó a buscar nuevas rutas de desarrollo; sin embargo, lamentablemente ni Fox, ni posteriormente Calderón, fueron capaces de instrumentar los cambios que el país requería. Y no me refiero a los que propone la “república amorosa” de AMLO; al contrario, me refiero a cambios dentro de un sistema democrático, de libertades económicas, que deje cada vez más la conducción de la economía y la política a la sociedad, y no al gobierno.

Me refiero a atreverse a erradicar todos los “malos hábitos políticos” (de los políticos, y de los ciudadanos) y desarticular las estructuras de poder construidas por el PRI durante sus 70 años de  absolutismo (CTM, CROC, SNTE, CNTE, “Soberanía Petrolera”, PEMEX, CFE, etc. etc.) para transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo verdaderamente democrático en cuanto a libertades políticas, sindicales y económicas, desarrollo equitativo y mejoras sustanciales en las condiciones de vida de las mayorías; en  pocas  palabras:  transmitir  –efectivamente- el poder político a los ciudadanos. (como pretenden hacernos creer con la –insuficiente y cobardona- reforma política recién aprobada).

Se trata por supuesto de cambios cuyo “costo político” puede significar la pérdida de poder y  canonjías para los partidos políticos (y para todos los vividores de la política que se han “amamantado” de los recursos del pueblo durante muchos años), así como de los sindicatos públicos y las grandes corporaciones monopólicas, entre otros. Cambios verdaderamente democráticos- enfocados a construir nuevas estructuras de poder y a trazar nuevos derroteros de desarrollo para el país, teniendo como base fundamental una mayor participación ciudadana.

El hecho es que no ha habido un líder que se haya propuesto instrumentar estos cambios o, si lo ha intentado, no ha ido suficientemente lejos. Entonces la disyuntiva es: seguir permitiendo que los actuales partidos se mantengan en el poder y que, como país, logremos más de lo mismo, o que nos atrevamos a romper con viejas estructuras y confiemos en nuestra capacidad, como sociedad, para dirigir de mejor manera los destinos del país, participando activamente en la política bajo la conducción de un adecuado liderazgo.

Yo, sin duda alguna, apuesto y confío en nuestra capacidad como sociedad, pero… nuestros “líderes” ¿Acaso alguno de ellos habla de estos temas?... Fuera de compromisos y promesas huecas, yo solo escucho un triste silencio…
RJZ

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