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Sindicalismo… ¿o simple cinismo?

Roberto Jáuregui y Zentella

ed_jaureguiLos sindicatos surgen como un instrumento de defensa de los  trabajadores frente a las condiciones de sobre explotación de que fueron objeto en las primeras etapas del capitalismo, y como un mecanismo para la negociación con las empresas que los ocupan en aras de un equilibrio entre los factores de la producción: trabajo y capital. Sin embargo,  en México esta situación es hoy en día muy diferente.

Con sus honrosas, pero escazas, excepciones, los sindicatos de las empresas públicas en México se han convertido en una especie de “herencia maldita”, que a partir del período postrevolucionario  nos dejan los gobiernos emanados del ahora PRI  los cuales, con gran habilidad y pocos principios, lograron corporativizar los principales movimientos sindicales para incrustarlos en la esfera política en calidad de máquinas de control sobre los diferentes gremios y los resultados electorales, a cambio de onerosos privilegios y prebendas para unos cuantos de sus integrantes.

Con ello, los sindicatos pasaron a ser todo menos lo que debieran ser: protectores de las condiciones de trabajo, sí, pero también comprometidos con la productividad de las empresas que los emplean, para convertirse en meras fuerzas electorales de cuyos miembros saldrían los sempiternos “líderes” –y su correspondiente séquito- para beneficiarse a lo grande del erario público, de posiciones políticas, y de la opacidad en el manejo de las cuotas de sus trabajadores afiliados, por cierto, a la fuerza.

De esta forma, los sindicatos públicos no sólo dejaron de ser instrumentos de progreso y de desarrollo sino que, por el contrario, dado su peso relativo en términos económicos (número de empleos), y político-social (por la enorme cantidad de agremiados con los que cuentan), son de facto poderosos monopolios que operan -e imperan- en el campo de la salud, la educación, la energía eléctrica, la industria petrolera y otros, convirtiéndose en enormes lastres que, a punta de bloqueos y marchas que desquician la vida de millones de ciudadanos, generalmente acaban por imponer sus condiciones por extremas que éstas sean y, peor aun, detienen e impiden las transformaciones y actualizaciones que requiere la competitividad del país en estos campos de actividad, todos ellos estratégicos.

Como muestra, que aplica en diferentes proporciones para prácticamente todos los sindicatos de empresas públicas del país, la reciente marcha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación que puso de cabeza a la Cd. De México, y en la que, además de demandar la justificable destitución de la maléfica Elba Ester Gordillo, exigían la eliminación de  las evaluaciones de desempeño de los maestros. Eso es no tener… madera de maestros..!

En cuanto a oponerse a la citada –y en este caso sitiada- señora Gordillo, no puedo más que estar de acuerdo ya que es, sin duda, uno de los mas negros personajes de la política nacional -sin importar en número de cirugías que se haga- cuya ambición de poder y su “vitalicio” control “sindical la ha llevado al extremo de formar su propio partido político, sí, de su propiedad (quién entre todos los mortales si no su hija para ser la Secretaria General del partido!!), como una clara muestra del sucio manoseo político al que se prestan estos “sindicatos” que, estará usted de acuerdo, resultan mas bien “cinicotes”.

El país ya no puede darse el lujo de desperdiciar dinero, recursos humanos y productividad de esta manera que llama a la indignación. Ya es tiempo de sanear esas cloacas y tomar en serio el desempeño eficiente de las empresas públicas que, no hay que olvidarlo, tienen una importancia estratégica  y operan con recursos que son de todos, razones más que suficientes para que sea impostergable liberar a estos gremios,  empresas, y al propio país, de la esclavitud a la que los han mantenido sujetos durante tantos años.

Entre algunos posibles cambios a implementar están: que el gobierno se desligue de los sindicatos, dejando de ser “tomador de nota” (?) y retenedor de las cuotas de los agremiados, que deberían ser voluntarias y personales; que se permita la existencia de mas de un sindicato por empresa, y la libre participación del trabajador en el de su conveniencia; eliminar la  diferencia entre sindicatos por apartado (industria y burócratas), y garantizar la transparencia electoral. No es todo, pero sería un buen comienzo.

Sin embargo, falta lo mas importante: la voluntad y la creatividad políticas para enfrentar a estos monstruos y, sea quien sea que llegue a la presidencia, esto aun parece poco probable. Para el PRD seguramente estaría fuera de consideración, ya que  se autoproclama  “defensor de la clase trabajadora. Por su parte el PAN, que tal vez sería el más interesado en modificar la actual situación sindical, depende por un lado de qué tan bien fajados tenga los pantalones la señora Vázquez Mota y,  por el otro, de la posibilidad de que gane las elecciones lo cual, al menos hasta ahora, se ve muy cuesta arriba. En el caso del PRI, que parece tener las mayores posibilidades de ocupar la presidencia, si bien estaría tentado a  hacer ajustes en esta materia (por mejores resultados de su política económica), es más probable que lo vea como oportunidad para reforzar el contubernio entre gobierno y sindicatos, para efectos de control gremial y electoral. Si este escenario es correcto, nos quedaríamos en las mismas.

En cualquier caso, sigue vigente el señalamiento que hacen Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en “Un Futuro México”: “Hay un sindicato grande resistiendo cada una de las reformas grandes que requiere el país”.

RJZ

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