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¿Gobernantes populares o populistas?

armando¿Quién los entiende? Uno ataca el populismo y el otro levanta la mano para decirle, “eskiusmi, yo soy populista.” 

Durante una conferencia de prensa en el marco de la Cumbre de Líderes de América del Norte, celebrada a fines de junio de este año en Canadá, dos presidentes, Enrique Peña y Barack Obama, se enfrascaron en una disertación tan carente de sentido como desafortunada. El primero en abrir fuego  fue Peña nieto, cuando fustigó en su discurso a los “populistas y demagogos que quieren destruir lo construido”, sepa usted a quien se estaba refiriendo, pero así lo dijo. Cuando el mexicano terminó su perorata, Obama pidió la palabra y arremetió implacable contra Peña Nieto, al que  tachó de cínico, por decir lo menos y reconociendo que no tenía mucho dominio del tema se lanzó al vacío y se autoproclamó como populista, en lugar haber dicho que era que era partidario de las políticas sociales en beneficio de las mayorías.

¡Esa es la gran diferencia entre populismo y política social!

 El populismo es una práctica política nefasta que se basa en la manipulación perversa de las necesidades de las masas, utilizando el engaño, la demagogia, el clientelismo y el paternalismo inmoral, para seducir y engañar a la población, ofreciéndole falsas esperanzas, para después de obtener de esta, enormes beneficios, traicionarla y abandonarla a su suerte. Creo que Obama no sabía lo que estaba diciendo.

Todos nuestros partidos políticos en México, sin excepción, son y han sido populistas. (perdón por la crudeza del comentario, pero las cosas por su nombre)

Independientemente de sus partidos, hay gobernantes populares y populistas, los primeros, gracias a su buen manejo de la administración pública, logran altos niveles de aprobación entre la sociedad, al generar acciones que verdaderamente resuelven los problemas de la ciudad y crean los cimientos para que las generaciones futuras puedan continuar prosperando; los segundos, solo buscan obtener beneficios personales y de grupo y utilizan todo y a todos, para lograr sus fines. En sus administraciones proliferan la corrupción, la opacidad, la violación de los derechos y el desorden urbano. Ejemplos de estos, ya tuvimos bastantes de parte de nuestros anteriores gobernantes, los que siguen hoy en día, dando de qué hablar.

El gran reto que tiene la actual administración, tanto estatal como municipal, es romper con estas sinergias nocivas, caducas y trabajar eficientemente de la mano de la sociedad civil organizada, para atender la agenda social. Ningún gobernante puede tener éxito en sus gestiones, si no se hace acompañar de la ciudadanía. 

Labores como la limpieza de la ciudad, el ordenamiento urbano, el cuidado de la imagen urbana la seguridad pública, entre muchas otras, reclaman la activa participación de los moradores de esta tierra. Nuestros gobernantes, deben reforzar el acercamiento con los ciudadanos más claros de entendimiento y que han demostrado por años, un interés honesto en la comunidad, independientemente de su filiación política, o si son o no, cercanos al círculo del poder, y sumarlos al esfuerzo colectivo por mejorar este lugar. 

El gobernante resuelto, diligente y profundamente comprometido con su mandato, no debe temer a la sociedad, no debe aislarse de ella, tampoco debe buscar caerle bien a todo mundo, sino ser respetado por su congruencia y su dedicación para gobernar. Eso le dará la suficiente solvencia moral para convocar a sus conciudadanos a participar activamente en apoyo a su administración. 

Hay quienes están trabajando día y noche, sin descanso, para provocar que la actual presidencia municipal, se descarrile, en un afán revanchista y preparándose para retomar el poder político. Trabajan como siempre, desde las sombras, en el anonimato cobarde de las redes sociales y tejen alianzas con resentidos y excluidos, tratando de recuperar los privilegios perdidos.

El populismo es una herencia maldita, un lastre del siglo pasado que no tiene cabida en los tiempos modernos. De la misma forma en que la tecnología está revolucionando el mundo, así debemos transformar la política y la relación entre gobernantes y gobernados. Los viejos esquemas no sirven para resolver la compleja problemática social de Los Cabos. Se requieren nuevas ideas, frescas y  proyectos innovadores. Hacen falta pensadores, dijera mi tocayo Figaredo, que se ocupen de diseñar políticas públicas eficientes y que tracen la ruta crítica para el futuro de la ciudad. 

Solo así, realmente la labor de las autoridades tendrá un impacto profundo en toda la estructura social. 

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