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A pesar de Lidia, se extraña al DF

leonidasDon Pedro Moncada, usa un nombre de ficción desde que en 1970 se fugó del Distrito Federal y vino a dar a Los Cabos. Lo conocí hace tres meses en un café de la ciudad, al que de cuando en cuando asisto, siempre para abordar temas del día a día. Ahora, el comentario es la tormenta “Lidia”. Son muchas las historias dramáticas provocadas por este fenómeno, distinto al legendario “Odile”, pero no menos dramático: derrumbes de casas y edificios, muertos, desaparecidos, desampara y desilusión.

Con “Lidia” se vuelve a prender la mecha, al quedar bajo el Sol Cabeño, los mega fraudes de empresas constructoras que con permisos oficiales, conseguidos de funcionarios y autoridades de los tres niveles de gobierno; criminalmente desarrollaron fraccionamientos en lechos de arroyos en diversos puntos de este y otros municipios. Los resultados es que miles de personas han quedado en la calle, pues sus departamentos y casas, de acuerdo a dictámenes oficiales, ahora no son habitables.

Don Pedro es uno de aquellos: sin casa. Por ahora está, junto con su esposa, asilado en un albergue. Sin embargo, a pesar de sus más de setenta años, no pierde el ánimo. Afirma que de peores ha salido, y es aquí, en este destino turístico donde ha salvado esas peores pruebas, afirma. Nos comenta: -“No sé por qué se asustan, aquí hemos tenido muchos ciclones, tormentas, y los arroyos siempre se han llevado muchas viviendas, autos, gente. Estoy sorprendido porque ya tenemos diez años donde vivimos; nunca nos había llegado el agua, ahora sí, pero, sólo perdimos parte de nuestros enseres. He sabido de otros casos donde la creciente se llevó todo, y hasta hubo ahogados, pero hasta cierto punto, eso es normal.

-¡No! No es normal, Pedro, -reclamó alguien-, porque esas casas y  edificios estaban en los arroyos.

-Y eso “es normal”, porque los tranzas que suelen ser algunos constructores, buscan terrenos baratos para construir. Saben que siempre conseguirán, que por medio de la mordida, les autoricen los permisos estén en un risco o en un arroyo. Así ha sido siempre, aquí y en todo México. El Jolopo dijo: ‘La corrupción somos todos. ¿No?

Al escuchar la contundencia de aquellas palabras, me atreví a preguntarle a don Pedro. ¿Por qué se vino del De Efe? Noté que la pregunta lo sacaba de su eufórico enojo. Me miró, y en sus ojos vi la nostalgia; un leve brillo la anunciaba, y empezó:

-En noviembre de 1970, un día miércoles por la tarde, llegó un joven para darme la noticia. Al saludarme, me dio un papel arrugado. “Carmelo fue llevado al campo militar No. 1”. “Huya, piérdase, a usted también lo andan buscando”. “Melo era mi hijo. -Ahora su mirada es vidriosa-Desde la masacre del 68 se había integrado a la Liga 23 de septiembre; desde ese momento supe que su destino sería fatal”. Resignado a correr su misma suerte, con tranquilidad le pedí a mi mujer se fuera a Guadalajara con una hermana, mientras yo encontraba acomodo en otra parte. Yo trabajaba de cocinero en el hotel María Isabel. Porque le tenía confianza, le expuse el caso a mi Gerente. Me mandó a Tijuana, allá trabajé dos años y desde 1973 me vine a San Lucas; desde hace 12 años vivo aquí en San José, donde a pesar de las calamidades, que cada día son más, por tanta gente que ahora somos; aquí se vive bien, todo es cuestión de echarle ganas… ¿no crees?

-¿Y no extraña al De Efe?

-Mucho, por eso cada vez que puedo voy a pasearme en esa ciudad de mis ancestros, donde yo también nací, y viví feliz con mi mujer y mi hijo. Un día me dijo: formaré parte de las juventudes comunistas, debemos cambiar a México. Desde aquél día, para mí todo cambio.

¿Y qué es lo que extraña de allá?

Todo: comida, bebida, paseos y lugares. La ciudad de México es la ciudad más hermosa que tenemos. Cuenta con los mejores centros recreativos, nomás checa: Chapultepec, Xochimilco, Coyoacán donde se respira el arte y la cultura con Frida Khalo, Palacio de los deportes, Hipódromo, Autopista Fórmula Uno, Estadio Azteca, Del Sol, Bellas artes, Museo de Antropología e Historia, Museo del Arte Moderno, infinidad de teatros y salas de cine. Claro, tiene sus riesgos como toda ciudad grande, pero riesgos hay  en todas partes; es que ya somos muchos, se nos olvida que hemos cambiado porque somos muchos.

Me pareció que era una obsesión eso de: “ya somos muchos”. Por eso decidí preguntar: ¿Y qué es lo que más añora del De Efe? Don Pedro sonrió, y su voz sonó alegre al decir.

-Pues verá usted. Lo que más recuerdo es la vida nocturna, los cabaret de mis amores fueron: El Siboney y el Waykiki; allí disfruté de las mejores orquestas, bailé con las mujeres más bellas, a veces, hasta con artistas, cierto, eran del burlesque, pero oiga usted, ¡qué bellezas! En horas de la madrugada íbamos a parar a La Plaza Garibaldi, al Tenampa ¿y sabe qué? Algunas veces, tuvimos la suerte de ver al mismísimo José Alfredo, allí, en el rincón de aquella cantina. Y cuando ya entrados la seguíamos, nos metíamos a La Ópera.

-Ahora sí que me sorprende, don Pedro. Me parece increíble que les hayan permitido entrar al Bellas Artes en estado etílico…

-Ora sí que me hizo reír, compañero. Al decir “La Ópera”, me referí a la mejor cantina de México.

¡Aah! Mi euforia se detuvo al ver un comboy de soldados, eso me hizo recordar que: “porque ya son muchos”, los narcos también ya están aquí.

Mi grito es: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Para JAVIER VALDÉS CÁRDENAS y los más de 104 mil asesinados en este sexenio.

Leónidas Alfaro Bedolla. Autor de la novela En el casi ombligo del mundo.

UN COMBOY DE TRES PATRULLAS LLENAS DE SOLDADOS, ME RECORDÓ QUE: PORQUE TAMBIÉN SON MUCHOS, LOS NARCOS TAMBIÉN YA ESTÁN AQUÍ.