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El Diputado X.

leonidas

Cuando El Diputado X se sentó por primera vez en su curul, respiró hondo, se arrellanó y estiró los brazos, se miró el Rolex que se había comprado porque alguien le dijo que esa era la marca preferida de los diputados del clan, (entiéndase la bancada de su partido).  Recibió el saludo de los colegas que serían sus vecinos, uno de ellos venía del sector salud, el otro de educación. Él era del sector agrícola. Lejano había quedado el día en que había trabajado en el campo, sus manos lisas, sin señales del uso del machete, el arado o algún otro instrumento así lo confirmaban. Recordó cuando el principal comprador de granos de la región le dijo: “-Muchacho, tienes dotes de líder”. –Ah dio, de veras compa.

-Claro que sí, si me haces caso, puedes hacer carrera en la polaca”.

El Diputado X sonrió al recordar cuando fue elegido líder del ejido, y luego representante del comité del partido, y luego encargado de asuntos agrarios, y luego también empezaron los negocios, y con todo ello, los compromisos.

“-Pero señor, con ese precio los agricultores no alcanzan a pagar el costo de los insumos”. –“Ese es problema de ellos. Tú no te preocupes, tienen el respaldo del gobierno”. –“Pero…” -“No hay pero que valga, si no estás de acuerdo aquí le paramos. Un diputado es un puesto muy importante, de mucha influencia, yo no puedo arriesgarme con alguien que dude de sus alcances”. –“Usted lo ha dicho, un diputado, pero yo…” –“Tú serás el próximo diputado de nuestro sector, siempre y cuando me respondas”. –“Señor, seré su más fiel servidor si usted me respalda”. –“Pues ya estás peinado pa´ atrás.”

Cuando recibió la noticia de su triunfo, el Diputado X no pudo evitarlo, saltó al medio de la cancha de la casa ejidal y ante más de un centenar de acarreados: “¡Ya chingué! ¡Compañeros! ¡Ya chingué!”, el estribillo lo repitió dando vueltas como enajenado.

Un año después de haber protestado y jurado cumplir con el mandato de su responsabilidad, sus manos se habían convertido en un par de garras, eran garras de buitre, también lo eran sus ojos. El Diputado X se había convertido en un ser insaciable e insensible ante el dolor humano; negociaba la producción agrícola a favor de aquel Coyote que lo había apadrinado.

El Diputado X ahora tenía otra meta, superar a su compadre que ocupaba una Senaduría, éste tenía cara de vampiro, dientes de vampiro y le gustaba lucir de negro, como el vampiro. Los fines de semana solía vestirse con una gran capa, negra por supuesto; en las afueras de la ciudad tenía una mansión rodeada de árboles y una gran barda, sobresalían cuatro ventanales y un torreón con vitrales de figuras extrañas. En aquel lugar los compadres se juntaban para tratar, en ese ambiente de tenues luces, copas de cristal cortado y vajilla de fina porcelana, trataban sus turbios negocios y hacían planes, después, daban rienda suelta a comilonas en las que imperaban los licores, en especial el vino tinto. Seguro se imaginaban ser, aunque de cierta forma lo eran, un par de vampiros.

Festivos hacían recuento de sus actividades, y renacían los motivos para brindar, gritar y reír hasta las lágrimas: – “Yo Presidente y usted Gobernador: la lana compadre es primero, recuerde: ‘Un político pobre, es un pobre político’. –“Compadre. ¿Y usted cree que el pueblo, nos permita llegar?” –“¿El pueblo? ¡El pueblo no existe! No sea usted… iluso compadre”. Al decir esto el Senador, soltó la carcajada.

Llegó el último año del sexenio y también el último mes. La situación del país era un caos, la corrupción, la impunidad y la injusticia metían presión. Aquel día el congreso fue invadido por cientos de personas, iban con ánimos resueltos: ondeaban pancartas con demandas y los gritos eran permanentes.

En la orden del día estaba programado anunciar los aguinaldos y demás prebendas que un día antes se habían aprobado los diputados. También se tenían programadas  algunas condecoraciones. El diputado presidente de la asamblea, hizo sonar la campanilla para llamar al orden. Su acción se vio cortada por la ensordecedora participación de la gente. Alguien sacó de pronto una bocina y empezó: “¡Diputado presidente! ¡Señoras y señores! ¡Pongan atención! Daremos a conocer el nombre de los galardonados”: “¡Fulano de tal!” -En coro respondía la muchedumbre: “¡Ladrón! ¡Traidor a la patria!” Uno a uno, fueron nombrados del mismo modo y los ánimos a punto de reventar. El diputado presidente anunció cancelada la asamblea y pidió la intervención de los guardias, aquello provocó una batahola en la que hubo heridos de ambos bandos, finalmente todos se dieron a la fuga quedando algunos tirados en los pasillos.

Cuando los socorristas de la Cruz Roja llegaron, levantaron a 17 heridos y uno que estaba en una curul, agachado con la cabeza entre las piernas y su traje desgarrado. –“Señor diputado, vamos, le ayudo a levantarse…” “¡Oooh, cómo apesta!” Entre dos socorristas se lo llevaron, la peste a orines y mierda les obligó a usar mascarillas.

Dos meses después, el ahora ex Diputado X, se presentó ante el jefe de intendencia del Congreso. Iba vestido de campesino, con barba y rapado de coco, hubo de identificarse para que lo reconociera, platicaron largo. Tres días después, apareció vestido con el uniforme de afanador. Ante sus nuevos compañeros se manifestó como un ser introvertido, aunque amable y dispuesto a colaborar.

Llegó el fin de año, la euforia del ambiente decembrino no hizo mella en el ex Diputado X, aquel día, último de labores todos los intendentes se reunieron en el almacén de enseres, lo habilitaron para la fiesta a la que todos asistieron.

El ex Diputado X entró al recinto parlamentario, ocupó el lugar del presídium, ahí estuvo con la cabeza erguida y la vista fija hacia el frente. En su mente revoloteaban los recuerdos: de su origen campesino, de sus penurias, de su incursión escolar, de su carrera política, torció la boca al recordar sus debilidades, y finalmente el derrumbe. Aquel aciago día en que la gente del pueblo se hizo presente para gritarle: ¡Ladrón! ¡Traidor a la Patria! El ex Diputado X se removió en su asiento, alzo una mano para taparse los ojos y agachó la cabeza.

En el galpón alguien preguntó: -“¿Y el fantasma? “ –“Hace un rato lo vi caminar hacia el parlamento”. –“¿Pensará tomar protesta?” Se escucharon risas que en seco se frenaron al escucharse un disparo.

Encontraron al ex Diputado X con un tiro en la sien derecha, a un lado una hoja: “Compadre, el pueblo sí existe”.

leonidasalfarobedolla.com

P.D. El 15 de julio se cumplieron dos meses de la ausencia de Javier Valdez Cárdenas. Hasta ahora las autoridades no han aclarado nada sobre el crimen. Esto tiende a dejar algo en claro… ¿no?

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