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León Trotsky

leonidasEn la casa museo León Trotsky también conocido como Liev Davídovich Trotski, con domicilio en avenida Churrubusco No. 410, de la colonia del Carmen, Coyoacán; el pasado día 11 de este mayo de 2017, se presentó el libro “Raíces pérdidas” de la escritora Sinaloense María Julia Hidalgo López. Mi intención era darle la sorpresa ante el público, pero una inesperada lluvia que me obligó a entrar al lugar antes de lo debido, y la sorpresa quedó entre ella y yo. Una vez calmado el ánimo del encuentro, me dediqué a recorrer el lugar.

El recinto es histórico porque allí vivió (calle Viena anteriormente) de 1937 a 1940 el legendario León Trotsky quién nació en Ucrania el 7 de noviembre de 1879. Organizó al lado de Vladimir Lenin la Revolución de octubre de 1917, logrando el triunfo para los Bolcheviques. Al mando del ejército rojo venció a 14 ejércitos extranjeros, y durante la revolución civil Rusa, al más duro ejército blanco, todo ello lo identificó como un luchador de ideas de izquierda muy definidas y firmes, a causa de lo cual se enfrentó a José Stalin, éste lo traicionó, pues de acuerdo al deseo en vida de Lenin, era el elegido para sucederlo en la dirección de la Rusia. Al derrotarlo Stalin, lo expulsó del país. Pero Trotsky siguió su lucha desde afuera, formó poderosas organizaciones de la izquierda internacional logrando hacer mella en el manchado prestigio de Stalin, éste aceleró las acciones contra su enemigo e inició una férrea persecución hasta conseguir su muerte. Ramón Mercader, se las ingenió para conquistar a una prima hermana del revolucionario y así pudo llegar hasta el estudio privado de León Trostky y le dio muerte con un piolet, eso fue el día 21 del mes de agosto de 1940. Mercader fue sentenciado a 30 años, por su buena conducta sólo pasó 17 en el penal de Lecumberri de la ciudad de México.

Recorrí los pasillos de la Casa Museo, donde también se imparten talleres de cuenta cuentos, literatura y cine club. Se completa con otras habitaciones y un jardín, lugar donde están las cenizas del revolucionario y su esposa Natalia Sedova. Por todas las paredes se pueden apreciar fotografías de la familia Trotsky, de momentos históricos donde aparecen muchos personajes. Se experimenta una sensación especial caminar por esos espacios que también fueron pisados por el revolucionario que también se distinguió como un gran intelectual; algunas de aquellas fotografías son de gran tamaño, en ellas destaca la presencia del gran líder. Sus ademanes y las expresiones de su rostro imponen, de tal forma, que parece que te mira y fustiga. Imaginé que estar allí una noche, a media luz y en el más absoluto de los silencios, tal vez pudiera tener una experiencia con su ánima, o su espíritu. Sería interesante, ¿no? Pero, acá entre nos, yo no me animaría, siempre le he tenido miedo a todo lo que sea del más allá. 

El anuncio de: “tercera llamada, favor de tomar sus asientos”. Me sacó de aquel por demás interesante acercamiento con la historia. El conductor anunció a la primera comentarista de la presentación del libro: Diana Gutiérrez Pérez editora de la obra, luego siguió el conductor mismo, el escritor Oscar Manuel Quezada, originario de El Verde Sinaloa, ambos dieron un pormenor muy interesante y apegado a la creación de algunos de los 15 cuentos que componen el volumen del libro. Entre cada presentador, un par de hermosas chicas escenificaban fragmentos de las historias referidas, eso, nos dio un acercamiento a los contenidos. De mi parte,  identifiqué de inmediato las excelentes intervenciones de la actriz Violeta Elizalde y la bailarina Fernanda Galván, pues ya había leído y disfrutado cada uno de los cuentos, historias nuestras de tinte universal porque provocan al sentimiento humano.

La persona que faltaba por intervenir, era una señora entrada en años, morena ella, de vestir sobrio. Siempre estuvo atenta a los comentarios de sus antecesores, pero también del público asistente. Entre ellos pude identificar al cineasta Oscar Blancarte, al pintor Leonel Maciel, (hermano de Carlos), al doctor en ciencias Roberto Beltrán originario de El Salado y al escritor Erubiel Ángel Camacho.

Oscar, el conductor, dio especial énfasis a su voz cuando presentó a la Doctora Eugenia Revueltas, ella es hija del también legendario Silvestre Revueltas. La intervención de la doctora especialista en crónica y crítica, fue en verdad muy interesante, nos dio una cátedra de lo que es ahora la literatura, nos hizo ver la gran diferencia con lo de antaño, pero también de sus causas de avance y retroceso. Hizo mención  de  grandes escritores de origen mexicano, y también algunos extranjeros, que dieron luz a las letras universales, de sus enseñanzas y grandeza. Haciendo alusión a la obra de María Julia, destacó: “Nos cuentan historias de Londres, Nueva York, pero poco hablamos de nuestra tierra. A mí me da gusto que María Julia retome las raíces, poca gente lo hace. Aquí en la Ciudad de México a veces denostamos las cosas que se hacen fuera de ella. Pero puedo decir que la obra de María Julia puede estar en el canon del Occidente de México”. 

Lo dicho por la Doctora Revueltas, confirma que nuestra escritora ha logrado un lugar destacado en el quehacer literario.

María Julia se limitó a agradecer la intervención de los ocupantes del presídium y luego, hizo la invitación para que disfrutáramos de un ambigú. Aquél día 11 de mayo, por la mañana pude leer en el periódico La Jornada un encabezado que me llamó la atención: “Incursiona periodista en el cuento; busca poner rostros a las inquietudes del lector” y sigue: “María Julia Hidalgo López, escritora sinaloense (Culiacán 1970), nos dice: Escribir conjura tristezas, sobre todo cuando los personajes tocan o acarician dolores y alegrías. El circulo perfecto aparece cuando esas historias llegan a un lector que se siente identificado con los relatos que le ponen rostro a sus inquietudes”.

En el libro destaca: “Un canto de esperanza”. Es la definición de Felipe Garrido en el prólogo de la obra publicada por Quinta del Agua Ediciones.

Me fui a disfrutar de un tinto y un canapé, mientras nuestra escritora hacia frente a una larga cola de lectores que entusiastas requerían de su autógrafo. La neta, sentí envidia.

Compa Javier, estás con nosotros.

Recomendación:  “El hombre que amaba a los perros” de Leonardo Padura

leonidasalfarobedolla.com

Etiquetado Como los cabos León Trotsky