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Sociedad Desechable

ed jesus

Al término de la segunda guerra mundial, la situación económica en el mundo estaba generalizada por la escasez. Condición que fue aprovechada por un puñado de empresarios que ante la crisis aprovecharon la oportunidad para crear empresas y desarrollar áreas de negocio.

Sin embargo esta escasez también llevó a las familias a aprovechar sus recursos de la mejor manera. El futuro cercano no era promisorio y la reconstrucción llevaría varios años.

Dos décadas después, en los sesentas, empezaron a aparecer varios productos substitutos, así como nuevas tecnologías que cambiaron radicalmente el estilo de vida, ante la necesidad de que el ingreso familiar proviniera de más de una fuente, simplificando y aprovechando el tiempo al máximo.

El pañal desechable substituía al pañal de tela, el plástico prácticamente eliminó de la industria automotriz la madera y la piel, los bulbos fueron substituidos por transistores que después también cayeron en la obsolescencia por los chips electrónicos. En pocas palabras se fomentó la industria de lo desechable eliminando de tajo productos manuales y artesanales.

Quizá en primera instancia, cumplió la función de costo-beneficio esta transformación, pero también tal vez se perdió de vista el efecto que con esto se causaría al entorno, al medio ambiente y a los ecosistemas. Hoy a varias décadas de distancia estamos pagando las consecuencias muy a pesar de los esfuerzos que diversos grupos hoy en día existen para defender a la naturaleza.

Si en esos días se hubiera alguien imaginado que la población mundial pasaría de 2,500 millones a casi 7,000 millones en menos de 70 años, estoy seguro que la regulación hubiera impedido la existencia y producción de muchos productos que yacen enterrados en basureros alrededor del mundo.

Si imaginamos que cada niño es un cliente potencial de 2,700 kilos de pañales, los 5,000 millones de niños que han nacido en los últimos 70 años, habrían generado 13,500 millones de toneladas de pañales que tardan de 200 a 500 años en biodegradarse.

Y eso es solamente en ese tema. Si agregamos empaques, latas, botes, frascos, equipo electrónico, pilas, compuestos químicos, y demás artículos, podremos imaginar el daño que le estamos haciendo al planeta.  No es exagerado decir que “nos lo estamos acabando”.

Por supuesto que este comentario no pretende volver a los pañales de tela y regresar al estilo de vida de hace 70 años; pero creo que si deberíamos crear conciencia de muchas acciones que podrían ser evitadas en favor del medio ambiente.

Lo anterior, simplemente como un preámbulo al titulo de este articulo porque también al término de la segunda guerra mundial, el hombre  estaba más sensibilizado en otros temas, en particular en el de las relaciones humanas porque se habían vulnerado muchos esquemas que hicieron que por muchos años la gente tuviera que cerrar sus círculos, entonces y por las condiciones que prevalecían, no era fácil salir y socializar.

Poco a poco los círculos crecieron y la tecnología favoreció en mucho este aspecto, hasta lo que hoy en día tenemos que nos permite no solo socializar con quienes conocemos, sino también con quienes no conocemos; de tal suerte que se pueden abrir grupos de debate, de intereses, de creencias o de aficiones con personas del otro lado del planeta aun sin haberlas jamas visto, y todo esto en tiempo real.

La comunicación en ese sentido no es un problema, todo lo contrario, hasta hemos perdido la capacidad de asombro… sin embargo paradójicamente con toda esa tecnología al alcance de la mano, la deshumanización crece a velocidades increíbles y estamos cayendo es una especia de “sociedad desechable”, donde subimos y bajamos gente de nuestras redes sociales o teléfonos inteligentes como si se tratara de un pañal desechable… simplemente cuando una persona deja de cumplir una función se le desecha. Con presionar un botón.

La analogía de los pañales o pañuelos desechables con las personas resulta ser muy cruda, muy vulgar, pero para ser muy objetivos y muy pragmáticos, es muy real.   

Hoy en día hay que tener 2,700 amigos en Facebook, y 30,000 seguidores en twitter para no pasar desapercibido.  Sin embargo muchas veces ignoramos las alegrías y tristezas de nuestro vecino o de un familiar… de esos que si son de verdad.

Si nos estamos preocupando por el medio ambiente y por la ecología, por un mundo mejor y por la trillada “sustentabilidad” del planeta; ¿no sería bueno también preocuparnos por nuestra propia red social?... no tanto la virtual, sino aquella de la que realmente dependeremos cuando el “Smartphone” ya no esté a la mano…

JCG

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