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“Tortuguitas vibradoras”

ed jesus

Uno de los recuerdos más gratos que tengo de mi papá es el gusto que tenía por llevarnos con frecuencia por carretera a conocer diferentes lugares del país. Así recorrimos en cierta ocasión la ruta de la independencia desde el DF hasta Chihuahua.  Fuimos al Pacifico y al Golfo de México recorriendo diversos estados y municipios del país. Digamos que el turismo carretero formó una parte muy importante de mi desarrollo y me permitió conocer prácticamente todos los estados de nuestro país. Recorridos divertidos, históricos, llenos de aventura y de anécdotas de todo tipo. Siempre fue muy seguro hacerlo.

Las carreteras de México están llenas de escenarios hermosos y de una diversidad cultural impresionante.

Mi desarrollo profesional, me ha permitido viajar por prácticamente todo el territorio nacional también visitando clientes desde una península hasta la otra. De costa a costa y de frontera a frontera.  Debo decir que México es un país maravilloso, especialmente cuando se puede recorrer  por carretera.

En particular, en la zona donde vivimos, Los Cabos, he podido atestiguar el desarrollo carretero desde el viejo “Camino Real” hasta la carretera actual.
La primera vez que vine a la zona desde el DF, tuvimos que aterrizar en La Paz, porque no había aeropuerto en Los Cabos.  Hicimos doce horas de recorrido, viajando por brechas y arroyos.  En esos días el recorrido de San José a Cabo San Lucas tomaba dos horas y si encontrábamos tráfico de frente podía ser un poco mayor el tiempo.

Después vino la pavimentación de la carretera transpeninsular y aunque ésta era solamente de un carril en cada dirección permitió el desarrollo turístico de la zona acortando los tiempos de forma muy importante. Esto fue posible en gran medida a la solidaridad del pueblo y de propietarios de diversos predios que generosamente donaron el derecho de vía.

El trazo de la misma fue caprichoso y quizá no fue el mejor porque en mucho tuvo que ser adaptado a las condiciones del lugar y del momento ya que había aeropistas y ciertas áreas de difícil acceso que forzaron en ese entonces el diseño de la misma.
Posteriormente, y dentro del programa de solidaridad, el pueblo aportó un impuesto especial para la construcción de una carretera con mayores condiciones de seguridad y que obedecía al desarrollo del municipio. Así se construyó la carretera de cuatro carriles la cual ha sido modificada con el paso de los años para dotarla de puentes y mejoras continuas.

En el año 2002 a raíz de la cumbre de APEC en Los Cabos, se llevaron a cabo obras muy importantes en la misma, en las que incluso se construyeron carriles paralelos en zonas residenciales que van de Cabo del Sol hasta Cabo San Lucas, y en donde los índices de accidentes habían venido incrementándose debido al crecimiento poblacional.

Para muchos, ese evento fue un parteaguas muy importante en el desarrollo de Los Cabos. La exposición ante el mundo fue de tal magnitud que países, gobiernos y comunidades que no tenían idea de la existencia de este lugar, de repente pasaron a ser centro de atención y objetivo de inversión y desarrollo.
El crecimiento entonces ya no podía detenerse. Y así fue.

En 2008 una condición económica mundial interrumpió la inercia de crecimiento, pero no así la bonanza económica de la zona.
El tema da mucho de qué hablar, pero quisiera referirme al tema de la carretera que ha sido en gran parte el eje del desarrollo socio-económico y demográfico de Los Cabos.

Si bien este tramo carretero, en concreto me refiero a los 42 kilómetros que van de Cabo San Lucas al aeropuerto son federales, la influencia que ejerce en el “modus-vivendi” de todos sus habitanes, es absolutamente municipal.   Obviamente y por razones presupuestales, el municipio se ha rehusado a recibirla ya que mantenerla resultaría muy gravoso a las arcas municipales. Difícil tema.

Por lo mismo, pareciera tierra de nadie en donde las decisiones resultan anárquicas y difíciles de entender. Para muestra un botón.
Quizá debería decir para muestra un millón de topes vibradores.

En fechas recientes “alguien” decidió que lo mejor para reducir la velocidad, sería la instalación de anacrónicos, absurdos, y ridículos topes vibradores que más que reducir la velocidad invitan a aumentarla, pero además en la inconsciencia que esto implica de aumentar lo riesgoso del tramo.

En una emergencia los vehículos pierden adherencia y capacidad de frenado.  Deterioran los sistemas de amortiguamiento y la vida útil de las llantas de los vehículos, solo por mencionar algunas cosas…
El rechazo social a estos “topes vibradores” (estoperoles o tortugas) es unánime y a nadie parece importarle.  

Es verdaderamente patético ver zonas donde no hace ningún sentido la instalación de estos topes y aun así se multiplican como epidemia.

Es incuestionable la necesidad de bajar la velocidad en ciertas zonas, de señalizar la carretera, y de dotarla de mayores condiciones de seguridad, pero definitivamente hay de formas a formas.

Desde que recorría las carreteras cuando era pequeño, hasta hoy jamás había visto una condición tan ridícula como esta.  Ojala “alguien” haga algo al respecto.
 Hace unos años, también “alguien” decidió iluminar el tramo, hoy más de la mitad de esos postes no encienden, prácticamente todos están oxidados y un porcentaje importante de ellos presentan daños.

¿Hasta dónde vamos a llegar en las modificaciones a la columna vertebral de la vialidad de este municipio?

JCG

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