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Un pais que sufre

ed jesus2

Mucho se ha dicho y escrito al respecto, pero no por ello debemos permanecer  impávidos ni callados. Por supuesto hay que ayudar en la medida de lo posible pero también hay que decir lo que se tiene que decir en estos casos.

Los desastres naturales no son algo nuevo, como tampoco dejarán de existir y con ello seguirán causando dolor, tragedia y desafortunadamente pérdidas humanas y materiales.

Sin embargo, una vez más hay que decirlo, muchas pueden prevenirse o por lo menos procurar que el dolor sea menor ante la aparición de las mismas con medidas de planeación.

Podría escribirse un tratado o un compendio respecto a la prevención de desastres naturales, pero quisiera referirme a una constante que se repite sistemáticamente: la corrupción.

Y es que ésta –la corrupción– aparece de muchas maneras cada vez que el hombre enfrenta un desastre natural: asentamientos irregulares, invasiones, permisos y cambios de uso de suelo inadecuados, “mordidas”, excesos, etc.

Por supuesto no se trata de hacer leña del árbol caído y mucho menos cuando lo que más se necesita es ayuda.  Sin embargo creo que bien vale la reflexión porque con ésto – como lo señalaba anteriormente – no terminarán las desgracias.

Hoy puede llamarse “Manuel”, como en el pasado pudieron haberse llamado “Gilberto”, “Paulina” o “Wilma”… “Lisa” o “Henriette”, “Juliette” o “Paul”… no es una cuestión de “bautizar” la tragedia… es una cuestión de estar consciente de lo que puede pasar.

En un principio “Manuel”, al igual que “Lorena”, iban a visitar Los Cabos de lleno… Así lo mostraban las predicciones de la CNA, de la CFE, del NOAA y de todas las agencias dedicadas a la predicción del clima.

Después de ver las consecuencias y los daños que dejaron estos dos fenómenos creo que debemos considerarnos muy afortunados que no haya sido este el municipio más afectado y de la desviación en su trayectoria. El suelo y el subsuelo de esta zona son desérticos y seguirá siéndolo para siempre; por lo tanto la resistencia al agua es muy limitada.  Llega un punto después de tanta lluvia en el que la absorción hacia ésta –el agua- se satura y las corrientes y deslaves no se dejan esperar.
A lo largo de los años he podido constatar como áreas de riesgo han sido utilizadas para establecer viviendas y negocios sin que aparentemente se haga nada al respecto.

Arroyos, cauces de ríos, laderas de montañas, deltas de bajadas de agua han sido invadidas y a pesar de las advertencias ninguna medida de mediano plazo se ha tomado al respecto –si acaso desalojos ante las emergencias– porque políticamente son dolorosas.

Las imágenes de lo que ha sucedido a lo largo de la geografía nacional pueden avalar este comentario, pero en este caso en particular lo que sucedió en “La Pintada”, debe llevarnos a hacer una reflexión mucho más profunda, con más contenido humano que político, porque ya no podemos permitirnos que situaciones como esta se repitan año tras año.

La temporada de huracanes no ha terminado. Pero si así fuera tampoco eso deberá ser argumento o razón para seguir permitiendo que la miopía le siga dando paso a estas circunstancias.

La corrupción no es unilateral, no nos hagamos tontos. Es muy gratificante ver un pueblo que se  vuelca en solidaridad por ayudar a aquellos en desgracia, pero es muy frustrante ver que, hasta en estos momentos, hay aspectos de corrupción que impiden que la ayuda llegue a su destino.

¿Hasta cuándo?

JC