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¿Qué les cuento?

IMG_0457.JPGLas semanas que pasaron fueron muy intensa en información, aún para los parámetros de esta administración.  La forma, fondo y volumen de los datos, y comentarios a los mismos, fue brutal.  Así que una persona, como un servidor, que quiera abordar esas semanas (tarde, pues andaba de viaje), se pegunta ¿Qué les cuento? ¿Por dónde empiezo? ¿Qué les platico que no haya abordado, de forma magistral, algunos de los autores/editorialistas que tú y yo consultamos?

No les platicare del agridulce sabor de saber que se persigue a los corruptos, de sexenios anteriores,  aún y cuando se nos dijo que eso no pasaría. ¿Me mintieron, pero están haciendo lo correcto?  ¿Eso me gusta?   Habrá que ver en que termina eso. 

No diré una palabra de las dos renuncias provocadas, en el fondo, por una “austeridad” que raya en lo mezquino.  Se quiere que se administre la miseria, puesto que no se dan recursos.  ¿Eso es administración?  Tampoco diré una sola palabra del ministro, que no es más pendejo, porque no es más viejo, que se opone a la energía eólica, para “defender” el viento de las comunidades indígenas, demostrándonos que no sabe un rábano de lo que habla.  Sus dos declaraciones más importantes son que es homosexual, lo cual a mí, y al país entero nos debería tener si cuidado, y que no va a permitir cosas “macro” para resolver problemas, pero mientras, quemaremos petróleo.  OMG.

Éramos muchos, y pario la abuela.  Un dicho español que me parece podría tener equivalencia en México en algo así como: “nos llovió sobre mojado”.  Ya estábamos fastidiados, sin ayuda de nadie, y en eso que Trump nos volteó a ver, y con un par de tweets, nos puso el mundo de cabeza.

En ese contexto tampoco hablaré  de tu/mi canciller (históricamente uno de los Secretarios/Ministros, de primer nivel) que tomó un avión (asumimos que, en primera, por su tamaño) para aplastarse en una silla en Washington, a ver a qué hora lo recibían personas que sabíamos que no lo iban a escuchar.  Que lo van a doblar.  Pasó lo que tenía que pasar.  Lo doblaron.  Tampoco gastaré tinta en la hermosa celebración que hubo en Tijuana.  ¿Qué celebramos?  Ahora nuestra Guardia Nacional se convirtió en la migra gringa, pagada por nosotros,  y nos volvimos campamento de refugiados.  ¿Tú, estás contento con eso?  Yo no.   Pero lo bueno es que compraremos mucha verdura gringa, para alimentarlos.

Así podría continuar, casi hasta el infinito.  Los secuestros que no amainan, los homicidios que no amainan. El gobierno no tiene rumbo.  El panorama no es bueno. Así las cosas, insisto, ¿de qué les hablo?

Podría empezar por contarles la paz que te deja andar por camellón, diseñado en 1958 por Luis Barragán, que he recorrido infinidad de veces, donde cerca del amanecer, cada día, puedes ver árboles gigantescos, personas, perros, y ardillas conviviendo en santa armonía. La paz es posible. 

Les puedo hablar del centro histórico de la Ciudad de México, donde la mirada de los que lo habitan es más cordial que hostil.  Hay más amabilidad que odio.  Si te despojas de tus miedos, esa centenaria ciudad te arropa con un calor, color y sabores únicos.  Creer en la gente es posible.

Les puedo hablar de los viejos amigos, de esos que conociste cuando eras un crío o un adolescente. Esos que la vida no te ha dejado perder.  Esos que te siguen enseñando lecciones cada día, con lo que hacen o dejan de hacer, y que te enseñan el valor de ambas cosas.  También de la familia, que siempre está ahí, a pesar de ti.  De los viejos y nuevos amores, que te recuerdan que amaste y pudiste ser amado.

Creo que hoy, al final del día, lo que les quiero contar es que la vida, vivir,  es lo que importa.  Ver los detalles, y gozar en ellos.  Vivir es la forma como transcurrimos los días.  Lo que está fuera, afuera esta.  Sí, nos afecta, pero no debe definirnos. No debemos dejar que un mal día arruine a la semana, o una mala semana al mes, o el mes al año, o el año a la vida.  Este asunto de vivir es como el golf. Después de cada hoyo, hay uno enfrente, y es una nueva oportunidad.  Una nueva historia que escribir. 

 

¿Qué les cuento?  Hay que vivir, a pesar de todo.  Gracias a todo.

Gustavo A. Echeveste

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