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La Reforma Hacendaria o el arte de hacer caravanas con sombrero ajeno.

invitadoArmando Sánchez

La iniciativa de la Reforma Hacendaria propuesta por el prsidente  Peña Nieto se asemeja al ranchero que quiere aumentar la cantidad de leche que le dan sus vacas reduciéndoles la pastura.

Esta Reforma de entrada padece de un grave defecto metodológico, lo primero que debe hacer el gobierno federal, junto con los estados y municipios  es eliminar los gastos excesivos, ineficiencias, duplicidades, corrupción y dispendio llevado a cabo a dos manos en todo el país, que junto con la dilapidación de recursos generada por sindicatos, líderes y políticos de todos tamaños y colores es una de las principales causas del atraso económico del país.

No se puede llenar un recipiente mientras no se tapen las fugas por donde se le tira el agua.
 
El gobierno antes que todo debe proponer un estricto y riguroso plan de austeridad gubernamental en  los tres niveles de gobierno, ofreciendo las garantías correspondientes de que se hará buen uso los recursos recaudados.

Acto seguido se debe buscar la forma de reactivar a los sectores económicos capaces de generar recursos a corto y mediano plazo, entre otros, el turismo,  la sustitución de importaciones por productos nacionales, ayudar a las micro y pequeñas empresas a ser eficientes, competitivas y fomentar las empresas familiares.

Llegar a las comunidades campesinas con capacitación, tecnología y créditos enseñarles a ser autosuficientes. Incentivar a la gran industria para ir por mercados internacionales a reinvertir sus utilidades en el país, darles estímulos
fiscales por  la creación de nuevas fuentes de trabajo, por exportar, por innovar en ciencia y tecnología.

El seguro del desempleo, la pensión universal y la cobertura amplia de salud  son paliativos que no van a terminar con la pobreza, son instrumentos sociales que están fuera de tiempo.
 
En estos momentos en que muchas empresas apenas subsisten es un desatino mayúsculo proponer  nuevas cargas fiscales para gastarlos en aspirinas para tratar el cáncer de la pobreza.

El problema más grave que tenemos con esta administración  es que pierde de vista que antes de repartir la riqueza hay  que crearla.
El país se encuentra semi paralizado ante la incertidumbre creada por  esta propuesta. ¿Por qué hay tanta prisa por aprobar de forma tan atropellada la reforma hacendaria?  Lo lógico y lo sensato es consultar con los sectores productivos las medidas propuestas, darles tiempo a explorar los diferentes escenarios, a que puedan ajustarse a los cambios provocados
por  la caída en el nuevo bache económico que estamos padeciendo.

Se debe aplazar la fecha para la votación de la reforma fiscal, el gobierno debe como requisito previo demostrar que cuenta con una ruta crítica para llevar a cabo un profundo plan de austeridad nacional.
 
El seguro de desempleo y la pensión universal deberán  esperar a que su implementación  sea producto del ahorro y el buen manejo de los recursos públicos y no de sangrar a los contribuyentes.

AS