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2018, el año del atole con el dedo

Este año es singularmente complejo para la sociedad mexicana por ser año de elecciones. Partidos y gobiernos se preparan para enfrascarse en la contienda electoral y para tal efecto echarán mano de todo cuanto tengan disponible ya sea para conservar el poder o para arrebatárselo a sus adversarios. Inversiones gubernamentales importantes en infraestructura y programas sociales de fondo ya están quedando relegadas, las necesidades apremiantes de las comunidades pasan a un segundo plano, pues mucho de ese dinero se usará para financiar las campañas electorales tanto federales como municipales.

Aquí mismo en nuestra pequeña realidad tropical, no hay recursos en ningún nivel de gobierno para comprar tierra para sacar a la gente que vive en los arroyos y que cada año arriesga su vida viviendo en zonas de alto riesgo. Tenemos un rezago de mas de 20 años en materia de planeación urbana, estamos en los últimos lugares en promoción cultural, padecemos de escasez de agua y una pésima administración de este recurso, amen de que nuestro sistema de drenaje y alcantarillado es una pifia, las grandes necesidades de esta población son atendidas muy por debajo de su nivel de solución real, más bien deberíamos decir que más que solución, vemos simulación. Simulación oficial y apatía social, si fuéramos mejores como ciudadanos, seguro tendríamos mejores gobernantes.

Pero eso sí, vienen las campañas electorales y muy alegres y frescos nuestros candidatos sacan sus sonrisas postizas y se lanzan a las calles a prometer imposibles, firmar compromisos,  a anunciar que ahora sí vamos a mejorar, que ya no habrá esto, que se pondrá aquello, que vamos a subir aquí y bajaremos allá y corremos como lo hacían los niños detrás de los carros con altoparlantes que anunciaban la llegada del circo, cuando había circos,(¿por cierto de que trabajaran ahora la mujer barbuda, el payaso y el domador de leones?) Y allá vamos nosotros, todos crédulos e ilusionados pensando que las cosas habrán de cambiar quitando a zutano para poner a mengano, que votando por azules nos irá mejor que hacerlo por amarillos o tricolores. ¿Oh ilusos de nosotros, cuando terminaremos de abrir los ojos? Nada de eso va a pasar.

Permítanme el atrevimiento de arrojarles la realidad a la cara, me da pena decirlo con estas palabras, pero las cosas por su nombre. No habrá ningún cambio de fondo, nuestro país, nuestro estado y municipio no sufrirá ninguna transformación que termine con la inseguridad, la pobreza, la mala planeación urbana, los abusos y los atropellos de los grandes corporativos, solo con cambiar a un partido por otro, a un político X por uno Y. ¿No nos hemos dado cuenta de que eso no funciona, Que los grandes problemas que padecemos continúan ahí?

Y las cosas no van a cambiar mientras la sociedad no cambie, el sistema continuará siendo inoperante, habrá algunos avances, si es la voluntad del gobernante en turno, mejorará tal vez la apariencia de algunas partes de la ciudad, tendremos algunos cambios cosméticos, de forma, pero eso no basta. No con los graves problemas que tenemos que lidiar en estos tiempos.

Tampoco quiero pecar de fatalista, pretendo llegar a ti, amiga lectora, lector, con un mensaje esperanzador, con una propuesta práctica, simple, sencilla. Una idea que nos ayude realmente a salir de esta situación en la que estamos hoy en Los Cabos. Vamos preparándonos colectivamente, para crear una fuerza social que le exija resultados tangibles a quienes nos gobiernan, independientemente del color que sean. Convirtamos nuestras voces dispersas de inconformidad en un reclamo organizado, proponiendo soluciones, aportando ideas. Exigiendo rendición de cuentas, austeridad en la administración, transparencia en el manejo de los recursos públicos.  Dejemos de lado los lamentos y pasemos a demandar buen gobierno. Hagamos que los funcionarios trabajen a favor de la ciudad, tengamos el valor de señalar errores y pillerías. Si logramos crecer como sociedad civil organizada, poco a poco le iremos cerrando el paso a las malas acciones de gobierno. Y votaremos por aquellos que podamos obligar a servir a su comunidad y no a servirse de ella y enriquecerse a costa de adueñarse de los bienes públicos. Atrevámonos a levantar la voz, a salir de la oscuridad, a tener el valor de defender lo que por derecho nos corresponde.

La ciudad es nuestra todos nosotros la construimos.

Estoy seguro de que, si logramos crear esa unidad social, no habrá gobierno ni gobernante que nos pueda seguir dando atole con el dedo.

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