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Terremotos y huracanes, las enseñanzas.

armandoDebe ser terrible el sentimiento  de tener frente ti, tu hogar convertido en una montaña de escombros, con todas tus pertenencias dentro, tus muebles, tus documentos personales, las fotos familiares, los recuerdos felices, los hijos, los nietos, la esposa. La vida entera sepultada en dos minutos.

Esto no es ficción, es un caso real, uno de los miles y miles que ocurrieron en el terremoto del 19 de septiembre de 1985, yo lo vi, yo lo viví. Ese hombre que había perdido todo, se encontraba parado a mi lado, en estado de shock, viendo lo que quedaba de su morada, tendría unos setenta años e iba vestido con pants y  zapatos tenis, había salido temprano de su casa a caminar, cuando regresó, el edificio de departamentos de cinco pisos donde vivía él con todos su hijos y sus nietos, había desaparecido, en su lugar, solo quedaba una mole de acero y concreto colapsada, semejante a un sándwich grotesco. De todo ese edificio, solo sacamos con vida a una joven madre de familia. Nadie más sobrevivió.

Casos como ese se repitieron por toda la ciudad de México. Se calcula que más de 20,000 personas (hay quien asegira que hasta 40,000) murieron en ese sismo, otras 4,000 fueron rescatadas con vida.

Entre los escombros, había muerte y vida, desesperación y esperanza, llanto y alegría y muchas manos ansiosas por ayudar en el rescate de las víctimas. Así pasó hace treinta y dos años en  la ciudad de México, así está pasando ahora.

Mismo día, misma ciudad, quien lo diría.

Dos terremotos que han puesto al desnudo la corrupción oficial al permitir construcciones endebles que no cumplen con los mínimos criterios de seguridad para sus ocupantes, pero que también han sido  el escenario para revelar el verdadero carácter de los mexicanos, la valentía, la generosidad, ese sentimiento solidario que nos caracteriza y que en condiciones extremas sale a flote como en ningún otro lugar del mundo.

Exactamente esto mismo nos ha pasado aquí en tierras cabeñas, pero con los huracanes y las tormentas. Hemos visto la tragedia adueñarse de amplios sectores de la población y  nuestra comunidad se ha volcado sin condiciones a ofrecer ayuda y consuelo a los que han resultado damnificados.

Sin duda este mes patrio ha sido uno de los más dramáticos de los últimos años para nuestro país, por la extensión de los daños a los inmuebles y el número de personas que han perdido todo, aunque comparado con el de 1985, las fatalidades han sido significativamente menores.

Terremotos, huracanes, deslaves, tsunamis, inundaciones, erupciones volcánicas y otros desastres naturales son eventos inevitables, es la expresión de la naturaleza en sí misma. Pero los efectos catastróficos de todos estos sucesos pueden ser minimizados si hacemos las cosas siguiendo en primer lugar lo que dicta el sentido común y sobre todo si no queremos torcer la ley corrompiendo autoridades para lograr la autorización de proyectos y edificaciones condenados al fracaso a la primera prueba que ponga la naturaleza.

No importa cuántos permisos reciba una construcción, finalmente  tarde o temprano las leyes naturales estarán sobre las leyes de los hombres.

Desafortunadamente esta corrección natural muchas veces, tiene un alto costo en vidas humanas, que pudieron haberse evitado y para muestra tenemos el caso reciente de la escuela Enrique Rebsamen en la CDMX, que da fe de una larga crónica de corruptelas, falsificaciones e irregularidades solapadas durante mucho tiempo  por autoridades de protección civil de la Delegación Tlalpan. Y así por el estilo, la mayoría de las edificaciones colapsadas no cumplían con los estándares de seguridad que exige el reglamento de construcción de la capital del país.

La corrupción mata.

Es tiempo de aprender, de evitar mayores tragedias por nuestra negligencia y codicia.

En Los Cabos no podemos darnos el lujo de cambiar el curso de los arroyos para “beneficiar” tal o cual proyecto, no podemos permitir que ningún desarrollador hotelero, residencial o comercial, obtenga permisos de construcción a sabiendas de que esta en zonas de inundación y estará poniendo en riesgo la vida de personas inocentes. No podemos meter por motivos político electorales a la gente de escasos recursos a vivir en los arroyos. Ya no. Esa herencia maldita del “reinado” de los Agúndez debe terminar ya mismo.

Llegó la hora de cambiar, estamos a tiempo. Este destino turístico no debe volver a ser el mismo; no después de todo lo que ya pasamos, con Odile y con Lidia. No con la amenaza constante de huracanes categoría 5 que se pasean cada año, por el corredor de los huracanes.

Imagínense ustedes, amigas, amigos, como quedaría nuestra ciudad con un huracán de la magnitud de Irma, que arrasó con la isla de Barbuda en el Caribe y  golpeo a la Florida o Harvey que dejo bajo las aguas a Houston, en USA o María que acaba de devastar a Puerto Rico.

Aprendamos de estas experiencias y comencemos desde hoy, a poner todo en revisión para poder corregir bien y a tiempo, nuestros errores.

Vamos por el FORO CIUDADANO SOBRE ASENTAMIENTOS HUMANOS EN ZONAS DE RIESGO Y RESERVA TERRITORIAL, es hora de actuar como sociedad civil organizada.

ASS.

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Etiquetado Como huracanes terremotos