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¿Tenemos futuro como especie?

armando

Vivimos en un mundo convulsionado por la guerra, el hambre, la depredación, la codicia y la avaricia, que provoca la destrucción de vastas extensiones de bosques, selvas, manglares, ríos y lagos. Es  un mundo cada vez más dividido entre la opulencia insultante y la miseria aniquilante, donde ya no es posible ver con claridad un futuro cierto.
 
Stephen Hawking, el físico británico y una celebridad en el campo de la ciencia, les pidió a los países líderes más poderosos, que envíen astronautas a la Luna de aquí al año 2020 “por el bien de la humanidad”. Para el científico, la extinción de la humanidad es inevitable, según sus teorías, al homo sapiens, solo le queda el camino de colonizar otros planetas para perpetuar su especie, pues la destrucción del nuestro es inevitable. Tal pronostico alarmista y desalentador parece estar fundado, no en la delirante y catastrofista mente de un desahuciado, sino en la brutal rapidez con la que estamos agotando todos los recursos naturales con que contamos, al grado que las próximas generaciones, antes de 100 años, podrían estar deambulando por un páramo seco y desolado sin agua, ni alimentos suficientes para sostener a la población mundial.

Los datos son abrumadores, según algunos científicos, hemos entrado de lleno al proceso de la sexta extinción masiva de especies animales. Así lo afirman el profesor de la UNAM, Gerardo Ceballos, ecologista reconocido, junto con el biólogo Paul Elrich, de la Universidad de  Stanford, en un estudio publicado en la National Academy of Sciences, este lunes. Ambos estudiosos, afirman que una tercera parte de 27 600 especies terrestres de mamíferos, aves, anfibios y reptiles están reduciendo aceleradamente sus poblaciones y sus espacios naturales, en muchos casos de forma irreversible.

El escenario de la extinción de muchas especies es mucho peor de lo que la gente piensa. El elefante africano, en veinte años habrá desaparecido de su ambiente natural, lo mismo ocurrirá con los leopardos,  la población de los leones africanos en los últimos veinte años se ha visto reducida en un 43% y ya entró en la lista de especies en vía de extinción, en iguales condiciones está el ocelote, el jaguar, el armadillo gigante, el oso negro, gris, Grizzly, el tapir, el lobo gris y muchas otras especies del continente americano. El fenómeno se repite en  los cinco continentes y afecta también a especies marinas. No se puede predecir a ciencia cierta cuando veremos el colapso de la mayoría de los ecosistemas, pues adicionalmente a la pérdida de sus hábitats naturales, la caza indiscriminada y la sobre explotación, las especies están resintiendo los efectos del calentamiento global y cambios importantes en los patrones de migración y escases de alimentos.

Un síntoma alarmante de lo que estamos comenzando a ver es la desaparición de millones de abejas en nuestro país, en Chihuahua, Durango, Coahuila, Zacatecas y Querétaro las colmenas se están quedando abandonadas, lo mismo ocurre en Yucatán y Campeche, de enero a mayo del 2016, las exportaciones de miel cayeron en más del  52% en comparación con el mismo periodo de 2015. En solo tres años el número de apicultores  se ha reducido en un 50%.

La respuesta de las autoridades ha sido de completo desinterés sobre el problema, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, (SAGARPA)  a algunos apicultores de plano les han dicho que mejor se dediquen a otra cosa.

El problema es grave, las abejas contribuyen en un 80% con el proceso de polinización, los efectos de esta catástrofe los están empezando a sentir en Chihuahua los productores de manzana quienes no cuentan con suficientes colmenas para la polinización de sus siembras.

Esta situación es compleja y global, se está dando en todo el planeta y no se están haciendo los esfuerzos suficientes para remediarlo, las causas no se han identificado plenamente, en algunos casos se ha evidenciado que el uso de algunos insecticidas está diezmando la población de la abejas, en otros se atribuye a la descontrolada proliferación de las emisiones de radiación de la telefonía celular, así como a la presencia de parásitos y otras enfermedades que se están presentando en las colmenas. Si las abejas desaparecen, junto con ellas caerá la producción mundial de productos agrícolas, incluidos aquellos que alimentan al ganado y el escenario será, entonces sí, apocalíptico.

Imaginar esto es preocupante, constatar que ya está pasando es aterrador.

Somos tan ingenuamente indiferentes que preferimos cerrar los ojos, sin darnos cuenta que caminamos alegremente en dirección del abismo y no estamos dispuestos a hacer absolutamente nada por evitarlo.

Yo no sé qué será mejor, si gastar miles de millones de dólares para ir a colonizar la luna o marte o emplear ese dinero en rescatar este mundo. Si es que todavía lo podemos hacer.

¿Ustedes que piensan?

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