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Una camisa de fuerza para el presidente

armando  Donald Trump, cambió mi vida.  Nada es igual para mí desde que él se postuló para presidente de los Estados Unidos. Hoy vivo con mayor intensidad; veo el mundo de una forma diferente; me ha dado muchas más razones para informarme, conocer de lo que acontece en el país de al lado y de otros lados.

  Me levanto todos los días, ansioso por conocer que nuevo disparate se le ha ocurrido a tan estrafalario mandatario. Es un villano genial, un mago del ilusionismo. No cabe duda que Trump es un maestro en el arte del manejo de los medios de comunicación. Como todos los grandes demagogos de la historia, ha creado un personaje que lo ha ido perfeccionando y adaptándolo para su entero beneficio. Todo en este actor tragicómico, es fingido, sus poses, sus gestos, su discurso. Lo único que es genuino, es su racismo, su narcicismo y el profundo desprecio que siente hacia las mujeres. 

  Pero a tan pintoresco individuo, puesto al frente de una súper potencia económica y militar como lo es la Unión Americana, no puede dejársele solo con tanto poder, de ninguna manera. El hombre ha dado sobradas muestras de ser además de todo lo dicho líneas arriba, mitómano e inestable, política y emocionalmente y por consiguiente impredecible y eso no es bueno para los negocios. 

  A los verdaderos dueños del imperio yanqui, esto es, los grandes corporativos, ya no les está gustando tanto su ocurrente presidente. Ya llegó el momento de ponerse serios. Las amenazas proteccionistas y aislacionistas del magnate inmobiliario pueden ser perjudiciales  para los intereses de la oligarquía financiera mundial. 

  Y para ponerle correa y bozal al locuaz residente anaranjado de la casa blanca, uno de los más prominentes capitanes de industria, David MacLennan, director ejecutivo de Cargill, la gigantesca multinacional agraria, ha comenzado a alertar a sus compatriotas y socios comerciales, sobre los grandes perjuicios que las políticas trumpianas pueden acarrear a la economía americana.

  Cargill genera más de 100,000 millones de dólares al año, es  la mayor compañía del país en ventas. Cuenta con 150,000 empleados y está establecida en 70 países. Produce alimentos cárnicos, granos, aceites, edulcorantes, azúcar, texturizantes y muchos otros productos alimenticios en los tres países del TLC que son vendidos además, al resto del mundo. A alguien de este tamaño se le pone atención cuando habla.

  Asímismo, los gigantes de la industria automotriz, están dando por terminada su luna de miel con Trump y están poniendo a trabajar a sus cabilderos para que la revisión del TLC, no genere cambios drásticos ni profundos que alteren la buena marcha de sus empresas, las que se han beneficiado enormemente con el libre comercio de la región. Otros protagonistas fundamentales de la vida política estadounidense son los gobernadores de todos los estados fronterizos que colindan con México, quienes se oponen lo mismo a la construcción del hermoso y desquiciante muro infame, que a la  salida del TLC, del cual son dependientes sus economías en gran medida.

  A la cadena de fracasos obtenidos por Donald, el presidente, no el pato, hay que sumarle la caída de su muro imaginario, el cual se vino abajo mucho antes de ser puesta la primera piedra; su obsesión enfermiza por construir esta barrera, fue tan impráctica y delirante que ni siquiera entre los miembros de su propio partido pudo obtener el respaldo que requería para su malvado propósito, como tampoco lo obtuvo para derogar el Obamacare, ni la implantación de su ley inmigratoria discriminatoria.

  Antes de cumplir los 100 días de gobierno, Donald Trump, ha demostrado que  es un pésimo negociador, un irrespetuoso anfitrión y un torpe funcionario público, el cual no ha sido capaz ni siquiera de terminar de organizar su equipo de gobierno. 

  Perdido en el laberinto de sus delirios de grandeza, el aprendiz de tirano, paulatinamente se ha ido quedando aislado de sus correligionarios de partido, en su afán de hacer grande otra vez a Estados Unidos. En lo único que si ha tenido éxito, es en aumentar su descrédito tanto a nivel doméstico como internacional. 

  Ningún presidente americano, había logrado tanto desprecio y rechazo en tan poco tiempo de parte de la comunidad internacional.

  Afortunadamente, hay una camisa de fuerza, tejida por la sociedad y los sectores económicos, que le están poniendo al vesánico Trump, para atemperar sus impulsivas  decisiones. Esperemos que esto surta efecto, antes de que nos ponga al borde de una confrontación nuclear, con el otro loco que está a medio mundo de distancia en Corea del Norte.

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Etiquetado Como estados unidos donald trump