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De “Porkys” y otras marranadas

armando  Cuatro jóvenes privilegiados, hijos de familias acomodadas, que tenían un futuro brillante, hoy han sido juzgados y sentenciados por la sociedad mexicana, debido a sus aberrantes crímenes.

  Con justa razón han sido linchados mediáticamente y su perversidad exhibida en público, tres de ellos fueron expulsados de la UVM donde se educaban, Jorge Cotaita Cabrales estudiaba la carrera de Ingeniería Civil; Diego Cruz Alonso, Contabilidad, y Gerardo Rodríguez Acosta, Ingeniería Industrial. El tercero y principal agresor sexual Enrique Capitaine, cursaba la preparatoria. 

  De este triste cuarteto, Diego Cruz y Enrique Capitaine, están encerrados en prisión en Veracruz en espera de ser sentenciados, Jorge Cotaita, se mantiene prófugo hasta el momento y Gerardo Rodríguez, ha evadido la acción de la justica gracias a que obtuvo un amparo. Los cuatro fueron bautizados como “los Porkys” de Costa de Oro, Veracruz, los cuatro se confabularon para secuestrar a una menor de edad y abusar sexualmente de ella y violarla. 

  Dapne Fernández, hija del propietario del famosísimo café La Parroquia, de aquella ciudad fue la víctima, en enero del 2015, ella tenía 17 años y era  virgen, cuando fue atacada por estos sujetos. Hoy los cuatro han arruinado sus vidas, su futuro es incierto y nada bueno parece que les espere, por sus crímenes podrían ser sentenciados a cárcel  de 20 a 40 años. Esperemos que así sea. 

  El caso de los “Porkys” podría haber sido uno más de los miles que ocurren en nuestro país y que quedan en completa impunidad, en México, cada día 16 mujeres son violadas, el 98% de estos crímenes no se castigan. La inmensa mayoría ni siquiera son denunciados ante las autoridades. La diferencia en este suceso trágico, fue que el padre de la víctima, Javier Fernández, cuando se enteró de lo que le había sucedido a su hija, confrontó a los victimarios y sus padres, les filmo un video donde reconocieron su delito y entonces la opinión pública se enteró de lo acontecido, las redes sociales dieron amplia difusión a lo sucedido a esta joven y los medios de comunicación lo replicaron, se convirtió en un escándalo nacional donde se ponía en evidencia la corrupción de las autoridades veracruzanas del gobierno de Javier Duarte, quienes trataron de obstaculizar la aplicación de la justicia a los Juniors violadores. La presión de la sociedad se extendió por todo el país exigiendo justicia. 

  El grupo de hackers Anonymus, hizo pública la información de los Porkys y sus familias y los amenazó con iniciar una campaña en redes sociales para que fueran acosados por la comunidad cibernauta. El gobierno de Duarte no tuvo más remedio que darle cauce a las ordenes de aprehensión que incluso llegaron hasta la Interpol, gracias a lo cual se puedo detener en España a Diego Cruz Alonso, quien fue deportado a nuestro país el 19 de enero de este año y a quien en días pasados, un funesto juez, pretendió concederle un amparo para que fuera puesto en libertad, alegando que “manosear a la menor de edad, Dapne Fernández, e introducir sus dedos en la vagina de ella, no era un delito, porque no habia la intención de cópula”. 

  Este aberrante argumento, junto con otros igual de absurdos, provocó una respuesta furiosa de la sociedad que le ha costado al corrupto  Juez Tercero de Distrito del Séptimo Circuito de Veracruz, Anuar González Hemadi, ser removido de su puesto y sometido a investigación por parte del Consejo de la Judicatura Federal, CJF, incluso se ha solicitado su juicio político y castigo. De nueva cuenta la comunidad, hizo escarnio público del desafortunado funcionario, fotos personales del mismo, de su esposa e hijas se subieron a las redes sociales y el señalado, expresó sentir temor por la seguridad de su familia. En internet se bautizó al impartidor de justicia con el apodo de “Juez Porky” y ahora el desdichado juzgador, ha sido juzgado sin misericordia y ha caído en el mismo chiquero donde están aquellos a quienes pretendió, inexplicablemente, favorecer, embarrado de estiércol hasta las orejas, sumido en la deshonra y el descrédito.

  Es de resaltarse en todo este proceso, el papel que han jugado las redes sociales y los medios de comunicación para incrementar  la presión de la opinión pública  que ha impedido que la complicidad de las autoridades se traduzca en una mayor impunidad en favor de estos depredadores sexuales.

  La sociedad mexicana cada vez está menos dispuesta a dejar pasar este tipo de marranadas, cuenta con las redes sociales para hacer del dominio público los agravios e injusticias que abundan en nuestro país y las autoridades tan proclives a prestarse a actos de corrupción hoy tienen menos posibilidades de confabularse con los delincuentes, al menos no sin correr el riesgo de ser expuestos ante la sociedad e incluso castigados. 

  Gracias a Dios, este país está cambiando.

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