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¿Y ora que hacemos?... Pos, a trabajar se ha dicho

armando  Con el aire oliendo a pólvora quemada y la avalancha de malas noticias que nos sacuden día a día, unas provenientes de allende la frontera del rio Bravo y otras de la guerra sin cuartel entre los barones de la droga, que se están disputando a balazos el control de nuestra ciudad, los ciudadanos comunes nada más nos quedamos mirándonos unos a otros con el signo de interrogación dibujado en la frente.  El panorama luce sombrío, la esperanza de que las cosas se compongan parece que se va alejando conforme aumentan las ejecuciones de los traficantes de drogas y se mantienen los indicadores de los otros delitos del fuero común en nuestra localidad, esto a pesar de que contamos con más de 200 elementos de la gendarmería, que tenemos un destacamento permanente de la marina y que participan integrantes de las policías ministeriales, municipal y estatal en tareas encaminadas a restablecer la ley y el orden en el municipio.  

  Con todo este despliegue de fuerzas gubernamentales los resultados son magros. La retórica oficial, ya no alcanza para justificar las cosas y de aquel ambicioso programa anunciado por el gobernador “Vivir en Paz” no se han visto todavía reflejados en las estadísticas los avances en la lucha contra la delincuencia. Las autoridades dicen que sí, que se está avanzando, que se formaron comités ciudadanos, que se rehabilitaron parques, que se confiscaron armas, que se detuvieron delincuentes. ¡Ah qué bueno!  Entonces, sí se está trabajando por parte del gobierno, para reducir los actos delictivos, pero hasta hoy estos resultados se ven empequeñecidos ante el brutal incremento de las ejecuciones y homicidios provocados por la guerra entre los carteles de la droga.

  Estamos viviendo en medio de una mezcla de euforia económica con cifras de ocupación hotelera que rompen récords y un crecimiento demográfico que desafía la sustentabilidad del destino, aderezado todo esto con el ingrediente explosivo del incremento de las actividades criminales y el arribo a nuestra comunidad de individuos que arrastran tras de sí más de una orden de aprehensión en otros lugares y que llegan a formar parte de esta sociedad con todos los agravantes del caso. 

 Ya se ha visto que están operando en tierras cabeñas, bandas de extorsionadores, asaltantes, rateros de todas las calañas a la par de que hemos visto cantidades inusuales de personas dementes y otros personajes inadaptados deambulando por las calles del destino.

  Pues así las cosas, queridos y escasos, lectores, lectoras. Esto  está que arde, pero no hay más remedio que “poner el pecho pa enfrente y esperar de pie la descarga de la fusilería”.

  A quienes vivimos aquí, y que no tenemos a donde más irnos, solo nos queda hacer lo que siempre hemos hecho, remar contra corriente y mantener a flote nuestros negocios, nuestros empleos, esforzándonos por dar más, por ser mejores y superarnos a nosotros mismos. Los Cabos se han construido con el esfuerzo, la dedicación y el empeño de sus habitantes, los nacidos aquí y los llegados de lejos, quienes nos hemos acostumbrado a desafiar tanto a la naturaleza como a las adversidades y siempre en cada ocasión hemos sabido salir airosos de cada prueba, esta vez no tiene por qué ser la excepción.

  Como parte de una serie de buenos hábitos, deberíamos comenzar con ser promotores nosotros mismos de nuestro destino turístico, invitando a nuestros amigos y familiares a venir a  vacacionar a estas tierras, lo mismo debemos hacer con clientes y proveedores. Bastante tenemos con que nuestros adversarios hagan campaña negativa contra nosotros como para que le abonemos nuestras voces a esto.

  Tenemos la dicha y la fortuna de vivir en uno de los mejores lugares no solo de México, sino del  mundo, por su clima, su naturaleza y su belleza, por ello, lejos de lamentarnos como plañideras debemos asumir  el deber moral de mantener este lugar entre los mejores, siendo nosotros mismos, mejores. 

  No debemos ceder ante quienes nos invitan a abandonar las calles e irnos a esconder a nuestras casas, la ciudad es nuestra, su vida nocturna y sus espacios. No debemos tampoco propagar rumores ni noticias falsas, esto solo sirve a quienes han venido a imponer su régimen de terror, sembrar el miedo y la confusión es parte de su estrategia y si nosotros en las redes sociales y nuestras conversaciones hacemos eco de esto, contribuimos a este clima de desasosiego. 

  Nos queda solo trabajar. Renovarnos, innovar, rehacernos y continuar poniendo cada quien nuestro mejor esfuerzo para que este lugar maravilloso se preserve a pesar de todos aquellos que lo quieren destruir.

ASS

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Etiquetado Como los cabos seguridad gobierno