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Al día siguiente del próximo huracán

armando

Solo es cuestión de tiempo, pero no cabe la menor duda  de que tarde o temprano tendremos la visita de un nuevo huracán igual o más destructivo que Odile. Y no es que sean predicciones de adivino ni de agorero del apocalipsis, es probabilidad simple. Para la temporada de huracanes 2016, se espera la formación de 17 de estos fenómenos meteorológicos en el Océano Pacifico, 4 de ellos con altas posibilidades de convertirse en huracanes categoría 4 y 5.

Cuando Odile tocó tierra en Los Cabos, en septiembre del año 2014 se dio inicio a una nueva modalidad del comportamiento humano que no habíamos conocido anteriormente en estas tierras, la  de la rapiña y el pillaje que se desataron a las pocas horas del paso del temporal y que se tradujo en el saqueo de comercios principalmente, aunque también hubo viviendas particulares que fueron blanco de las hordas de saqueadores. Las imágenes de lo acontecido, están grabadas en nuestra mente y es poco probable que alguien haya olvidado los momentos de angustia e incertidumbre que vivió la mayor parte de la población, en especial por la ausencia de autoridad de los tres niveles de gobierno.

Cada año estaremos más expuestos a sufrir este tipo de eventos catastróficos, el cambio climático, el desorden urbano, la sobrepoblación y el deficiente sistema de seguridad pública que nos caracteriza crean las condiciones perfectas para la repetición de estos sucesos. Por más que se grite a los cuatro vientos por parte de las autoridades que existe un plan detallado de contingencia para hacerle frente a lo que se presente, la realidad es que hay más de simulación y de retórica que de acciones cuidadosamente planeadas para responder eficientemente a una emergencia de este calibre.

Recuerden ustedes de que forma amanecimos el 15 de Septiembre del 2014, sin electricidad, ni agua, con cientos de árboles y postes tirados sobre las calles siendo testigos de cómo miles de ciudadanos se daban a la tarea de extraer todo cuanto podían de los diferentes establecimientos comerciales, tiendas OXXO, farmacias, súper mercados, refaccionarias, tiendas de telas, nada escapaba a las hordas de salvajes que dicho sea de paso, incluían desde los más pobres hasta personas económicamente muy solventes, sin dejar de mencionar claro a funcionarios públicos, como el titular de protección civil de Cabo San Lucas, policías uniformados y de civil y hasta me enteré del pastor de una iglesia, que en su sermón dominical pidió a sus feligreses que dieran gracias a Dios porque habían sido de gran bendición esos saqueos, especialmente para el –dijo- quien era propietario de una pequeña tienda de abarrotes la cual después de abastecerla con lo robado había quedado bastante bien surtida.

Las escenas de la gente vuelta loca, cargando por media calle refrigeradores, televisiones, botellas de cerveza y licor eran absurdas, las habíamos visto por televisión en otros lugares, sin imaginarnos siquiera que algo parecido a eso lo fuéramos a padecer en este lugar del que presumimos es uno de los mejores para vivir. Pero todo cambia, todo se transforma, esta ciudad ya no es lo que fue hace quince o veinte años. Hoy es una ciudad con graves retrasos y peligrosos vicios, cada día llega más gente a vivir aquí, haya o no las condiciones para darle cabida. Muchas de estas personas ignoran totalmente lo que implica sobre vivir a un huracán de la magnitud de Odile. Tampoco contamos con un comité de bienvenida que les entregue un folleto que les enseñe qué hacer en caso de un siniestro de estas características. Por otro lado las autoridades no están preparadas ni equipadas para poder dar una respuesta eficaz y oportuna para evitar los saqueos en los primeros momentos que estos comiencen a presentarse.

Desde ya, la autoridad debe comenzar una amplia campaña de difusión advirtiendo a la población en general y a los maleantes en particular de que no se tolerarán actos de pillaje y rapiña y que las consecuencias se harán sentir inmediatamente. Es urgente que tanto las autoridades como la ciudadanía se preparen y se organicen para  emprender acciones de prevención de desastres por la temporada de huracanes y no solo hablo de hacer acopio de agua y víveres o de proteger las ventanas, sino de contar con un plan concreto que incluya las medidas para evitar saqueos, amotinamientos y manejo de situaciones extremas en donde bandas de criminales organizados recorren la ciudad en medio del caos, cometiendo todo tipo de delitos.
Lo peor de un huracán puede ocurrir al día siguiente,

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