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Odile, un año después.

armando cabovision

Quien lo fuera a decir, a un año del catastrófico paso del huracán Odile por Los Cabos, seguimos padeciendo todavía los estragos de este fenómeno en muchas áreas y sectores de la ciudad y no solo son la falta de semáforos, de luminarias, de instalaciones deportivas. La parte más dramática, es la referente a las miles de personas que están sobreviviendo en las zonas de alto riesgo, tanto en áreas de cauce de arroyos, como en terrenos susceptibles de inundación.

Estos asentamientos irregulares, lejos de disminuir han continuado creciendo, nutridos por los miles de personas que están llegando a Los Cabos a participar en los trabajos de construcción de los nuevos desarrollos turísticos.

El presidente Peña Nieto, giró instrucciones muy precisas para que se atendiera este problema y se le diera una solución a la brevedad posible (pero sospecho que no le hicieron mucho caso) , llegaron funcionarios de la SEDATU, Corett, INVI, INFONAVIT y otros más,  a sentarse con los representantes de los ejidos de Cabo San Lucas y San José del Cabo, con la intención de negociar la compra de una reserva de tierra suficiente para reacomodar a esas familias que viven amenazadas cada temporada de huracanes, pero al modo de las instancias burocráticas, los meses fueron pasando y los ánimos y la voluntad decayendo por parte de las autoridades hasta que finalmente las cosas llegaron a un punto de empantanamiento tal que no se ve en el corto plazo una solución para el reacomodo de quienes viven en esas zonas de miedo, tal vez los representantes del gobierno estén esperanzados a que cuando menos en este año no nos caiga otro huracán de la envergadura de Odile y por lo tanto le puedan seguir dando largas a este  asunto. Por lo pronto los habitantes de las casas de cartón rezan cada noche para que la lluvia y el viento no los arrastren junto con todas sus pertenencias aguas abajo hacia la bahía de Cabo San Lucas y las playas de San José del Cabo.

Otra de las lecciones dejadas por Odile es la relativa a la forma como se ha venido construyendo en los últimos años en la región, hoteles, edificios, locales comerciales y hasta escuelas fueron diseñados para edificarse con perfiles de aluminio y tabla roca, materiales que demostraron su fragilidad al salir disparados por los aires por el embate de los fuertes vientos. Pero lo que resulta curioso en este caso es la necedad de los propietarios de estos inmuebles de volver a construir de la misma forma, ¿acaso piensan que ya no volverán los huracanes?  ¿O es tan económico edificar de esta forma que no importa que vuelva a quedar todo destruido como para rehacerlo una y otra vez? Curioso razonamiento porque no solo se trata de volver a levantar fachadas, sino del tiempo en que los negocios quedan fuera de servicio durante los trabajos de reconstrucción, pero hay gente que nunca aprende y no se trata de dinero sino de insensatez.
Dentro de este recuento de acontecimientos, con motivo del aniversario de Odile, no podemos dejar de hacer notar el actuar de nuestras  “insignes” autoridades de protección civil, las que hasta la fecha siguen regodeándose en toda su ineptitud.

Es tan grave el asunto que da risa, estamos en manos de personajes tan lerdos y faltos de oficio que lo único que faltaría es que saquen la mano por la ventana para  confirmar si tenemos lluvias en la región.

Un destino turístico de esta magnitud no puede estar en manos de individuos de tan bajo perfil profesional en materia de prevención de desastres. Estamos no solo expuestos a huracanes, también somos zona sísmica, tenemos probabilidades de ser alcanzados por Tsunamis, inundaciones imprevistas, provocadas por lluvias torrenciales a muchos kilómetros de los centros de población, toda esta gama de posibles contingencias rebasan la capacidad de respuesta de los responsables de protección civil, pero no solo eso, ni siquiera alcanzan a comprender la magnitud de las amenazas y en consecuencia actúan con tan poco tino cuando llega el caso.

Así las cosas, si hoy tuviéramos un evento similar a Odile, en el 2014, los resultados no serían muy distintos a los que tuvimos en aquella ocasión, hemos desperdiciado un año entero como comunidad para prepararnos tanto ciudadanos como autoridades para hacerle frente a la temporada de huracanes la que está en todo su apogeo.
 
Esperemos que el nuevo equipo de gobierno que encabeza Arturo De la Rosa, tenga el suficiente tiempo e inteligencia para responder a la eventualidad de otro Odile  y no terminemos como lo hicimos con Tony Agúndez, en medio de la anarquía, el caos y la rapiña.

ASS

Etiquetado Como odile aniversario

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