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¿Sabremos lo que vieron las cámaras?

ed figaredoInevitable comentar los últimos hechos violentos que vuelven a ensombrecer no solo la imagen de este destino turístico de cara al exterior nacional e internacional, sino también la confianza de los ciudadanos para salir con tranquilidad a una playa o algún centro comercial. Por supuesto que también vuelve la desconfianza en la eficacia de los encargados de la seguridad pública en los tres niveles de gobierno.

La semana pasada fueron diez las víctimas, aunque al parecer todas ellas relacionadas con el bajo mundo, no dejan de ser víctimas que siguen engrosando las lista que desde octubre del año pasado sigue su escalada sobre pasando las 240.

Preocupante sí, el que los sicarios ya no les importe ejecutar a quien sea en una playa pública como lo es la tradicional Palmilla, en domingo, en una hora en la que familias, residentes y turistas disfrutaban del sol en plenas vacaciones de verano, pero más preocupante aun es el hecho de que fue notoria la relajación de vigilancia en esta zona que por cierto tiene una sola entrada y salida y que los delincuentes pudieran escapar sin ningún problema como en otras situaciones similares.

Este pasado sábado, otra vez corrió la sangre. Esta vez en una plaza comercial muy visitada muy cerca de San José del Cabo después de las 3 y media de la tarde a la salida del estacionamiento subterráneo fue ejecutada una persona que aun permanece en calidad de desconocida.

Todo lo anterior hace pensar que las autoridades, más ahora que nunca, tienen la enorme responsabilidad de demostrar su verdadera eficiencia ya que, según ellas mismas, han recalcado que ahora se cuenta con más de treinta cámaras de alta tecnología dispuestas a lo largo de la carretera de cuatro carriles entre San José del Cabo y Cabo San Lucas y que costaron varios millones de pesos (como lo enfatizó el propio gobernador) con un equipo capacitado de operadores que (supuestamente) monitorean las 24 horas del día, por lo que deberán de tener los suficientes elementos para detectar en qué vehículos arribaron los sicarios por lo menos en los casos de Palmilla y la plaza comercial ya que hasta la hora la tienen confirmada.

Ahí queda pues el voto de confianza de que al menos estos dos hechos violentos puedan ser resueltos en breve ya que al menos en el caso de Palmilla existen otras evidencias para saber quiénes fueron los responsables.

Sin duda otro tema de enorme importancia es la rapidez con la que se dan a conocer estos hechos en las redes. Lamentablemente es inevitable porque cada ciudadano es un difusor en potencia empezando por los propios policías que llegan al lugar de los hechos. Amén de que cada vez se vuelve imperativo que el propio gobierno se investigue así mismo con mayor profundidad para desentrañar las infiltraciones del mundo criminal en sus propias filas.

Al menos y por lo pronto ya se están tomando medidas en las fuerzas de seguridad para prohibir el uso de celulares cuando acuden a un hecho sangriento para evitar el mal uso de las imágenes.

Y precisamente por lo que sucede aquí en Los Cabos y en el resto del país quisiera referirme a la muy interesante conferencia intitulada ”La desaparición de la realidad. Desafíos del Periodismo contemporáneo”  que el reconocido periodista y escritor Juan Villoro ofreció  recientemente a los colaboradores del medio de comunicación Zeta con motivo de su 37 aniversario.  Aquí transcribo algunas de sus reflexiones más significativas.

Si el gobierno no se investiga ¿quién va a investigar? Investigan los periodistas y pagan con su vida; a falta de un saneamiento del propio gobierno, el periodista está absolutamente en riesgo”

Por otra parte cuestionó lo que padecemos también aquí en Los Cabos con la proliferación de noticias falseadas en las redes donde muchos se sienten reporteros:   “… está sucediendo en plataformas aparentemente periodísticas y noticias donde se publican  cosas demasiado rápidas, y al mismo tiempo está generando un fenómeno de periódicos que se están vigilando unos a otros, donde lo más importante no es descubrir una nota original, sino perderse la nota que los demás ya están llevando”

Sobre las redes dijo: “nos hace falta mucho para poder tener protocolos de lo que verdaderamente importa en la red”

Por otra parte recalcó la importancia del periodismo comprometido pero también razonado sin arriesgar la vida inconsciente e irresponsablemente:

“No puede ser uno periodista del silencio porque entonces no se es periodista, pero qué importante es lo que no puedes publicar o cuándo detenerte para no perder la vida, pero nunca quedarse callado. Ubicar esa parte de la historia es seguir escribiendo; esconderla, guardarla, posponerla, que no cancelarla, es una forma de resistir, de sobrevivir. Estamos hablando de un ejercicio ciudadano, de un derecho social, de un derecho humano, de la libertad de expresión…”

Concluyó diciendo “Para mí, dejar de escribir es morir, es dejar de caminar, de sentir, de experimentar la vida. El silencio es una forma de complicidad y de muerte. Y yo, ni soy cómplice ni estoy muerto”

Cuídese

Fuente: Zeta # 2263 (11 al 17 de agosto, 2017)