Los relámpagos de noviembre, o el presupuesto semestral


Corría 1963 cuando Jorge Ibargüengoitia nos regaló con “Los Relámpagos de Agosto”.  Era una novela, tal vez narración, que hacía alusión a los cambios que se anunciaban en agosto, antes de la toma del poder, en septiembre.  Era, me parece, una referencia al cielo que se cubría, de repente, de luz y de ruido, de estruendo, para anunciarnos lo que nos vendría encima.   Apenas comenzando la lectura nos encontramos esto:

“Querido Lupe: Como te habrás enterado por los periódicos, gané las elecciones por una mayoría aplastante. Creo que esto es uno de los grandes triunfos de la Revolución. Como quien dice, estoy otra vez en el candelero. Vente a México lo más pronto que puedas para que platiquemos. Quiero que te encargues de mi Secretaría Particular. Marcos González, General de Div.”

Todos los que hayan leído el libro saben como terminó esa invitación.  Con un presidente electo muerto.  Con un desastre esférico.  Sin aristas. Químicamente puro. Una conspiración fracasada.  El narrador, José Guadalupe Arroyo, no fue fusilado casi por error, porque su ejecutor, un bandido, decidió que una pistola robada -donada – años atrás, justificaba la clemencia.  De repente hay partes de ese cuento que quisiéramos que fueran verdad hoy en día, pero eso es otra historia. 

Esto me vino a la cabeza en estos días, a mediados de noviembre, cuando me puse a revisar lo que pasaba con nuestros “legisladores” en relación con las finanzas públicas del año que viene.  Son relámpagos, pero noviembre, destinados a brillar hasta junio.  El congreso se tragó completas la ley de ingresos y el presupuesto de egresos, enviados por el timorato de Herrera, alguien diría..  En la ley de ingresos hay más ficción que en el señor de los anillos.  El precio del petróleo proyectado, lo que recaudarán, etc.  Es casi una novela negra, de lo patética, de lo cruda.  En cuando a los egresos, que se relacionan con los ingresos, se ve algo similar.

Nos recordó hoy, en Reforma, Denise Dresser, algo que dijo Joe Biden:  "No me digas lo que valoras; enséñame tu presupuesto y te diré lo que valoras".  Yo, con menos talento, alguna vez lo dije, citando a mi madre, que no sé a quién citaría: ”Obras son amores y no buenas razones”.  Dime donde está tu billete, y te diré dónde están tus aprecios.  Tus metas.  Tus anhelos. 

Pues los relámpagos de noviembre nos enseñan que los amores del gobierno actual no están en la salud ni en la vida de la población.   Hay más dinero para trenecitos, que le pondrán en la madre a selvas, que, para vacunas, que le pondrían en su madre a las pandemias.   

No están en la procuración de justicia.  Al poder judicial le cerraron la llave. Queremos acabar con la impunidad, pero con menos lana.  Tal vez alguien vio demasiados anuncios de farmacias de similares.  “Los mismo, pero más barato”.  Eso no funciona siempre.  No funciona para todo.  Para procurar justicia hace falta dinero.  Aquí y en China. No se acabará la impunidad, ni la corrupción, con un poder judicial que languidece. 

Los amores tampoco están en desarrollo estatal y municipal.  Hay estados y municipios que recibirán mucho menos dinero, mientras que la primera refinería anfibia del planeta recibe un fuerte espaldarazo, tragándose, sumergiendo, los recursos que otrora se les destinaba. 

No están en el apoyo a las empresas, que generan el 90% del empleo.  No hay un centavo de incentivos, pero sí amenazas de penas a formas legítimas de hacer negocios. Obvio no están ni en la ciencia ni en la tecnología.  Lo que nos dejaron los Mayas es suficiente. No hace falta rascarle mas hondo  ¿O, quién puede mejorar el 0? 

Los amores de este gobierno están lejanos a la protección a la población por desastres naturales. El año, 2020, en que se nuestros legisladores, por instrucciones del Cabecita Blanca, se cargaron al FONDEN entre las patas, el estado de donde es originario nuestro querido Tlatoani, Tabasco, se inundó hasta el techo. Hay cientos de miles de damnificados.  Este año, bien o mal, hay dinero para remediar eso. El año que vine no lo habrá.  No quiero pensar en los huracanes que habrá, en el Golfo y en el Pacífico, en los años entrantes, y la población lidiando con ellos tan solo con el consuelo de los rieles instalados en el tren maya, o la gasolina cara de Dos Bocas. 

El presupuesto del 2021 tiene un fin, y solo uno, llegar a junio, con billete y con la apariencia de solidez.  Repartir lo que se pueda, en programas clientelares, antes de las elecciones.  Tener al pueblo, a los borregos, felices, medio año. Hasta las elecciones.  Para que voten.  Cuando todo se vaya al carajo, que se va a ir, en el segundo semestre, será por culpa de alguien más.  La pandemia, los conservadores, Calderón, Trump, Biden, la Madre Teresa (QEPD), etc..

 

Ya nos sabemos el cuento.  Nos lo cuentan cada mañana.  

 

 

Gustavo A. Echeveste







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